Te adoro

1333 Words
Vidal y Francesca estaban en el hospital con su primogénito, sentados en la sala de espera luego de un montón de exámenes. El médico abrió la puerta de su consultorio y los invitó a pasar. Xavier y Vidal voltearon a ver a Francesca, y esta sonrió antes de caminar frente a ellos. Ingresaron a la oficina y el médico pinchó nuevamente a Xavier en el dedo, le tomó la glicemia y se la mostró a sus papás. —Xavier, hijo, estás hecho un caramelo. No estás usando drogas, te estás ejercitando, estás comiendo bien... ¿Qué te preocupa? ¿Hay algo pasando en casa? —Están pasando muchas cosas. —Puedes venirte conmigo unos días y calmarte. —No vas a quitarme a mi hijo, Francesca. Tú también le descontrolas la glicemia. —Yo tendría el azúcar elevada si mi mamá fuera Francesca y mi papá, Augusto —replicó el médico y les pisa a ambos los pies. Xavier sonríe y reconoce que la situación con Alex es estresante, además de los compromisos en la escuela que le están agobiando. —¿Desde cuándo te importa tu hermano? —pregunta su mamá en un murmullo. Vidal y Xavier la miran acusatoriamente. El médico se ríe. —¿Qué compromisos, hijo? —pregunta su papá y le acaricia el pelo. —Compromisos... —responde, y los tres adultos ruedan los ojos. Su médico lo conoce desde que le detectaron hiperinsulinemia en la cuna y lo ha mantenido estable; Xavier es, por mucho, su paciente favorito. —Xavier, tú eres un pendejo profesional. Si tú estás bien, todos tus hermanos van a estar bien. Voy a cambiarte el régimen de insulina por estos días y voy a sugerir una dieta estricta, baja en carbohidratos. —Ayer comimos pizza. —Mmm... —responde el médico. —Hidratación, cero azúcar en bebidas y comida muy sana. Mira lo guapo y fuerte que estás. —Lo sé —responde, y los dos ríen. Sus papás se van tranquilos porque no hay ninguna falla en ningún otro órgano. Xavier parece relajado, su tratamiento va mejor y, después, insiste en ir a la escuela como de costumbre. Francesca sonríe y le da un abrazo. —Te amo mucho, Xavier —le dice—. Vas a estar fenomenal. —Mamá, tenemos mucho drama en manos. No es que no folles, pero no tengas novio. No compliques las cosas para Augy y Fabi. Lo mejor es darte tiempo, sé sabia —le regaña, y Francesca suspira. —Gracias por el consejo que no te pedí —responde, pasivo-agresiva, y lo llena de besos—. Me alegra que estés bien. Mi casa siempre está abierta para que me visites y te quedes los días que quieras. Se despide de su exmarido y su hijo antes de partir. Vidal camina junto a su hijo hacia el auto. —Creo que te preocupa tu mamá. —Y Tessa... Sé que no es el momento, pero está obsesionada con su papá biológico. Vidal eleva una ceja. —¿Ha dicho algo? —¿Conoces a Tessa? La mujer no tiene límites. Y creo que siente que te traiciona si pregunta, pero... creo que lo está espiando a él y a sus hijas —responde. Vidal le da una caricia en la espalda. —¿Algo más que te preocupe? —No, ya abordé todo: Alex, mamá y Tessa —responde y asiente. Vidal lo deja en el colegio y se reúne en casa con su esposa y los abogados. Todos están de acuerdo en presentar una demanda por negligencia contra Beatriz y Alessandro. Los profesores de Alex los apoyan, así como su padre biológico, sus conocidos y amigos, mientras intentan recuperar la custodia del niño, que evidentemente les fue retirada con malas prácticas. —De acuerdo, cuanto antes presentemos la demanda, mejor —responde Vidal y firma el documento. —Ahora quiero saber cómo está mi custodia con Anastasia, Xavier y Tessa. —Tú y tu exmujer tuvieron un cambio de custodia amistoso y verbal —comenta el abogado. —Los niños llevan más de un año conmigo. Este año descubrimos que Tessa, mi hija mayor, es biológicamente hija de otro hombre. Tessa es extraordinariamente curiosa y su hermano cree que quiere conocerlo, y a mí me encanta por ella, pero no voy a permitir que Francesca o su padre me quiten la custodia ni usen a mis otros hijos como peones. Consuelo tomó su mano y preguntó: —¿Te ha dicho algo? —Xavier está teniendo subidones de azúcar por estrés: su hermano que no se interna, su mamá y su vida amorosa, y Tessa. Le preocupa Tessa —responde, y los dos asienten. —Tú eres legalmente padre de Tessa. Es una hija concebida dentro de tu matrimonio, lleva tus apellidos y la estás criando activamente. No pueden quitarte de su vida, pero mi recomendación es tener la pelea preparada por si se da. —Quiero todas las custodias de mis hijos en orden, conmigo, tan pronto como sea posible, incluso si eso significa que voy a pelear con Francesca. —Creo que una negociación verbal y amistosa será más útil. —No es mejor terminar con Alex y seguir con los demás. —No vamos a seguir perdiendo el sueño por si alguien se lleva o no a nuestros hijos. Vamos a adoptar a Alice sí o sí y a tener clara la situación con los demás. No voy a seguir torturándome. Esa misma tarde, Vidal fue a recoger a Tessa para tomarse un café en su cafetería preferida. Ella sonrió mientras ordenaba y lo miró con una ceja levantada. —Padre, ¿qué está pasando por esa cabecita tuya? —Mi amor, necesitaba pasar tiempo contigo, nada más. —A mí me encantan estas citas —responde y lo llena de besos. —La verdad, Tessa, quería darte esto —le entrega un dosier. Su hija lo mira impresionada cuando encuentra fotos de Theodoro Buckerman y sus hijas—. Sé que debes tener dudas, que incluso deseas conocerlos, pero necesito que tomes en cuenta tu custodia y lo que estamos viviendo. Conversaré con tus padres si conocerlo es lo que quieres, pero necesito que sepas que eres una parte enorme de mi corazón, de mi familia y de mi vida. Voy a pelear por ti como peleo por Alex, como pelearía por Anastasia o Xavier, como planeo pelear por Alice —le dice. —Toda mi vida te he visto a ti, flaco, alto y rubio, y a mis hermanos, flacos, altos y castaños. Nunca he calzado... Entonces veo a Theodoro y a sus hijas, y tienen el pelo n***o, colocho, son gruesos, y de pronto veo un poco de mí con solo ver una foto. Tengo cuatro hermanas y un hermano mayor —responde—. Quiero conocerlas, pero yo ya tengo un papá. Un papá que me limpia los mocos cuando me da alergia, que fue a mis clases y bailes, que me compra la revista del mes porque sabe que me encanta coleccionarlas, que sabe la talla de mi zapato y me hace té de canela cuando menstrúo porque no me gusta la manzanilla —dice—. Papá, tú siempre vas a ser mi papá. Francesca y el otro son solo donadores para que seamos felices juntos —concluye y lo abraza—. No quiero irme a ningún lado. Si conocerlas significa que te pierdo, prefiero no verlas nunca. Vidal la abraza con todas sus fuerzas y se permite llorar cuando la escucha decir: —Un día, cuando sea mayor, tú vas a entregarme en mi boda y mi hijo definitivamente se va a llamar Augusto, aunque tenga que meterles un tenedor a las demás cuando intenten robarme el nombre. —No te apures a tener un bebé. —Vale. —Les advertiré que pediste dips. Los dos ríen y se limpian las lágrimas. —Te amo, papito. —Te adoro, mi amor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD