Me quedé congelada por unos segundos, la poca ansiedad que había logrado bajar el alcohol en mí había crecido más cuando lo vi. Su cabello había crecido bastante, le caía hasta la nuca y cubría sus orejas en leves ondulaciones, sus ojos verdes como esmeralda resaltaban con la poca luz de la casa, y sin duda ahora estaba más fornido que la última vez. Los recuerdos comenzaron a invadirme, él aprovechándose de mi ilusión, él burlándose de mi cuerpo, él caminando hacia un sitio abandonado y yo siguiéndolo en busca de una explicación antes de que me atropellara el carro. -Escuché que llegaste de Ámsterdam -sonrió-, ¿Cómo te fue por allá? ¿En serio estaba intentando tener una conversación conmigo como si nada? ¿Cómo si por su culpa no me hubieran metido a un internado de monjas por 3 putos a

