CAPÍTULO TRES - ¡Fue tremendamente horrible, Steve! - Jana lloró mientras estaban sentados en el pequeño pero acogedor salón de su apartamento tipo loft, en la calle Prince, justo al final del pasillo del suyo. - Nunca olvidaré lo que vi. Los gritos y los llantos me acompañarán mientras viva. - - ¿Qué has visto? - se preguntó él. Ella había estado drogada con tranquilizantes desde que regresó del hospital, y a la noche siguiente lo llamó por teléfono y le pidió que fuera a su casa. Vio que había estado llorando y supuso que probablemente se había llenado de sedantes para que la ayudaran a calmar sus nervios por el incidente y por la abstinencia de coca. - Era un perro, pero mucho más grande. - se limpió los ojos enrojecidos con un pañuelo. - Era incluso más grande que un lobo. Sé que la

