Bellemore empezó a burlarse de Demetrio a carcajadas, no podía dejar de verlo con mala voluntad, pues siempre le había tenido envidia y veía en ese momento la oportunidad de sacar todo su veneno, después de todo, la envidia es eso, el veneno del alma. —¿Qué vas a hacer llorar, suplicar, arrodillarte para buscar mi compasión? Porque no vas a poder con nosotros. Argotte, cumple la orden dada de una vez —señaló sin dejar de reírse. Al ver que nada detendría a los hombres de Jacob, Demetrio empezó a luchar para liberarse de ellos, lo cual no era tarea fácil, porque estaban bien entrenados, en ese instante, se lamentó no haber echado a Bellemore, desde el momento cuando lo contrataron, su instinto le decía que no era digno de confianza, mas lo desoyó al contarle su situación familiar y eso lo

