Jacob se sumergió en las profundidades de esos ojos, nunca se quedó sin palabras frente a una mujer, sintió la sangre agitarse en su interior y el deseo lo inundó, al punto de mover con incomodidad su pierna para evitar se le notara su gran erección y terminaran de señalarlo como un pervertido, a decir verdad poco le importaba, sin embargo, al ver ese rostro y esos ojos, tampoco quería asustarla y era la primera vez, en mucho tiempo que no deseaba causar mala impresión, sino todo lo contrario, deseaba ser agradable ante sus ojos, no pudo evitar la agitación recorrer su pecho.
«¡Es demasiado hermosa! ¿Cómo alguien puede tener el rostro tan perfecto? Parece haber sido hecha a mano, como si alguien se hubiese dedicado a plasmar cada facción en detalles, su boca delineada en forma de corazón, su barbilla fina, su nariz perfilada, sus pómulos destacados, sus largas pestañas, sus cejas abundantes aunque delineadas, todo eso iluminado por ¡Esos ojos! Por ella hubiese sido capaz de dar mucho más», pensó sin dejar de admirar su belleza.
—¡Ven! —ordenó tratando de que su voz no sonara ruda, le dio la mano y ella se quedó viéndolo con intensidad, sin atender a su mandato.
Se dio cuenta de que su mirada estaba posada en un lado de su rostro, se sintió incómodo y molesto, toda sensación de calidez desapareció de su cuerpo, como si alguien lo hubiese despojado de ella y en su lugar la hubiese sustituido por su frialdad habitual.
—¡¿Te da asco mirarme?! —exclamó sin ocultar su decepción, pensando que era tan superficial como todas las mujeres, cuyo interés se centraba en las apariencias y después en el dinero, por eso habló con amargura—. No eres la primera, tampoco creo seas la última, a todas sin excepción, les doy esa primera impresión y se les pasa cuando se dan cuenta de la cantidad de dinero y del todo lujo que puedo ofrecerles, después de todo eres igual a todas, una más del montón —espetó en tono agrio apartando la mano.
¡«Eres un idiota Jacob!» se dijo, porque por un momento se olvidó de su situación, mostrando una actitud e incluso una vulnerabilidad, la cual tenía mucho tiempo de no mostrar.
—¡Bájate ya! Y salgamos de una vez por todas de esto, para eso estoy pagando una noche de dos millones de dólares para pasarla contigo y no es precisamente para terminar hablando en esta limusina —señaló con irritación, cuando iba a bajar, de forma involuntaria ella tomó su brazo, el hombre dio un respingo de la impresión y apretando los dientes pronunció —¡No vuelvas a tocarme si yo no te lo pido!
Maddy lo miró con interés, apartando su mano de él, no sabía por qué la atacaba con sus palabras cuando ella ni siquiera había sido capaz de abrir la boca.
Hacía pocos instantes, los recuerdos del pasado surgieron en su mente atormentándola, sin embargo, la voz del hombre la abstrajo de ese momento, por eso extendió su vista y no pudo evitar, mirarle la cicatriz del lado derecho de su rostro, iba desde un poco antes de la altura del pómulo hasta un poco más abajo antes de llegar a la comisura de la boca, no sintió ninguna repulsión o desagrado, porque a pesar de la marca, su rostro era hermoso, sin ninguna otra imperfección e incluso esa cicatriz lo hacía lucir más sexy, varonil y con una fuerza en sus rasgos, además sus ojos una mezcla entre verde y azul, resaltaban más su belleza.
Cuando le pidió extender la mano iba a hacerlo, mas fue en ese preciso instante cuando lo recorrió con su mirada y él apretó las facciones de su rostro en clara expresión de molestia. Al verlo a punto de abandonar el auto, lo llamó, con su tono de voz dulce y le habló como lo hacía con su hijo cuando estaba alterado para apaciguarlo.
—Antes de alejarse ¿Puede ayudarme a levantarme de aquí?—preguntó con una expresión de absoluta tranquilidad.
Jacob sintió la suavidad de sus palabras su voz era única, tenía un efecto tranquilizador, no pudo evitar detenerse y girarse para mirarla, ella era frágil, pese a ello, también firme, no sabía por qué a su mente llegaron imágenes de palmeras, pues esa mujer era como ellas, frágil, pero resistente, daba la impresión de ser capaz de enfrentar cualquier viento y tormenta y salir de pie.
Su sorpresa fue mayor, al verla mirarlo a los ojos sin ningún miedo, ella extendió la mano y volvió a tomarlo del antebrazo, ese solo gesto envió un corrientazo por todo el cuerpo del hombre, quien ese momento, sintió una lucha interna entre sacar su lado amable o comportarse como siempre lo hacía.
Al final, terminó optando por esta última opción, después de todo no estaba acostumbrado de ser de otra manera.
—¡No soy tu bastón, ni tu lazarillo! —apartó por segunda vez su mano—. Termina de bajar pronto y deja de hacer un espectáculo frente a mis empleados, porque no es como si fueras una invitada especial.
» Por si lo has olvidado, te estoy pagando para que te acuestes conmigo, me complazcas y me des placer, hasta ahora no has cumplido ese propósito, espero que en la cama no vayas a ser un fracaso y termine perdiendo mi dinero, porque aunque tengo de sobra, no me gusta malgastarlo.
Dicho eso se bajó, dejándola con aparente indiferencia dentro del auto, pese a ello, no pudo evitar detener sus pasos para esperarla. Cuando ella estaba saliendo, uno de sus hombres extendió la mano para ayudarla a bajar, no obstante la voz déspota del hombre sonó como un latigazo deteniéndolo en el acto.
—¡No se te ocurra tocarla! Porque soy capaz de cortarte la mano para que no se te vuelva a ocurrir tocar lo mío, mis amenazas no son en vano—pronunció con voz gélida, capa de congelar a cualquiera.
El hombre se apartó nervioso, tropezando con sus pies, porque todos sabían de la crueldad de Jacob y lo que era capaz de hacer, mientras todos bajaron la vista con miedo, Maddy lo observó escudriñándolo, como si tratara de descubrir algo en su interior, eso causó una mezcla de miedo, tormento y molestia en el hombre. Se volteó y se acercó peligrosamente a ella.
—Detesto que me vean a la cara, nadie en mi círculo cercano se atreve a hacerlo ¿Quién eres tú para que lo hagas? —cuestionó con su mirada intimidante.
—Nadie, yo solo… —sin embargo, calló al verlo poner su rostro tan cerca de ella, con una sonrisa de maldad, haciendo brincar su corazón en el pecho.
Su intención fue intimidarla y lo logró porque ella palideció, dio varios pasos atrás, hasta encontrarse con el auto dónde terminó recostándose.
—No intentes ser quien no eres. Ahora en silencio, mueve tu maldito trasero a mi suite, para terminar haciendo a lo que viniste. Soy un hombre ocupado y no tengo tiempo para perder con una zorra, quien terminó vendiéndose al mejor postor —expuso con rabia, al recordar las razones por las cuales estaba allí, porque se vendió a él por dos millones de dólares.
Maddy tragó grueso, sus ojos se humedecieron un poco, sintió tristeza porque ella no era una zorra, si estaba en ese momento a punto de entregarse a él, era por necesidad, por amor a su hijo. El rostro de su pequeño llegó a su mente, dándole el impulso necesario.
—¡Yo no soy una zorra! —exclamó sintiendo de repente un impulso de valentía, el cual le inyectaba su hijo.
Jacob la miró de los pies a la cabeza, prácticamente desnudándola con la mirada, con una media sonrisa de burla en su rostro y una expresión despiadada.
—¿Ah no? ¿Cómo se le llama a una mujer a quien se le da dinero para yacer con un hombre? Por si tu vocabulario es limitado yo voy a ampliarlo.
» Se le llama zorra, prostituta, ramera, fulana, pelandusca, meretriz, buscona, furcia, golfa, entre otras, unas más fuertes y ofensivas a esas—al escuchar todos los calificativos del hombre no pudo evitar emitir un leve gemido de sorpresa en su interior.
» ¿Te sigo diciendo o entendiste que cabes perfectamente en esos adjetivos calificativos? —habló alzando las cejas con crueldad.
—Es usted un...—hizo una pausa, buscando una palabra adecuada para definirlo, esa acción, él tomó eso como una limitante en la inteligencia de Maddy.
—No busques ninguna palabra, porque no la vas a encontrar definitivamente, tu capacidad de expresarte verbalmente es bastante pobre. Ahora sígueme y terminemos con esto de una vez.
Caminó hacia el interior del hotel, ella se quedó por un momento pasmada, lamentándose por haberlo creído diferente, cuando se encontraron en el auto, pensó haber tenido una afinidad con él, pero al parecer era tan malo como se le estaba mostrando.
Inició la caminata detrás de él, como si todo el peso del mundo descansará sobre sus hombros, sin embargo, a medida que se acercaba la hora de cumplir con su destino, el miedo la iba invadiendo, amenazándola con fuerza. Tenía ganas de salir corriendo, mas otra vez visualizó el rostro de Patrick, no podía huir por mucho que su cuerpo quisiera, porque pondría en peligro el tratamiento de su hijo y la ayuda de su amiga.
Llegaron al ascensor, se abrazó a sí misma sintiendo un nudo en el estómago, entretanto el hombre la ignoraba totalmente, era como si ella estuviese sola en ese lugar y la expresión de su cuerpo no era para nada considerada.
Apenas salieron del ascensor, sin llegar aun en la habitación, Jacob comenzó a quitarse la corbata, el saco del traje y seguidamente a desabrochar los botones de su camisa. Cuando llegaron a la suite, ella esperaba ver una tarjeta o incluso marcar su huella, mas se sorprendió cuando se paró frente a la puerta y en un segundo se abrió, cuando un dispositivo con un sistema autónomo de reconocimiento de iris lo detectó.
Pasaron a una espaciosa sala, del tamaño de todo el departamento donde vivía, la decoración y los muebles, gritaban lujo y dinero. Mientras ella recorría el lugar con sus ojos, Jacob tenía los ojos posados en ella, tiró la corbata en un sofá, a la cual siguió el saco.
—¿Te gusta el lujo que ves? Compláceme y si lo haces bien, puedes disfrutar de todo esto —hizo un gesto con una mano, sin dejar de verla con intensidad, lo cual hizo sentir incómoda a Maddy.
Terminó de desabrocharse la camisa, arrojándola a un lado, quedando con el torso desnudo tenso, cada uno de sus músculos se marcaban perfectamente.
—¡Desnúdate! —ordenó.
Ella lo miró asustada, sus hermosos ojos se abrieron de par en par, por más intentos de controlar el miedo que recorría su cuerpo, no pudo hacerlo, menos cuando el hombre se le acercó, todo le empezó a dar vuelta y terminó desmayándose.
«El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal». Aristóteles.