Subió al ascensor y cuando llegó al estacionamiento tomó la camioneta y salió a toda la velocidad permitida por las normas de tránsito. Llegó a la casa del hombre, se estacionó en frente, sacó la Katana de la vaina y caminó a la garita de seguridad, al verlo de inmediato un grupo de seis hombres que trabajaban para Gerald lo rodearon. —No estoy interesado en enfrentarme con ustedes, vine a luchar con el desgraciado de su jefe, ¡Llámenlo! —ordenó con una expresión fría. —¡El señor no está! —mencionó uno de los hombres. Aunque sus palabras no eran ciertas, Gerald lo vio bajar del auto con la Katana por las cámaras de seguridad y le dio temor salir a enfrentarlo, por eso envió a sus hombres a hacerlo, mientras él subía a una de sus camionetas y escapaba por una de las puertas laterales d

