CAPÍTULO 2. OJOS AMATISTA

1493 Words
Maddy se paró frente al espejo, acercó su rostro, y se quedó mirando por unos segundos sin poder contener su sorpresa, estaba irreconocible, tan hermosa que si hubiese visto una fotografía de ella con ese aspecto, no se había reconocido, levantó su mano y la pasó muy cerca de su rostro, sin tocar su piel. —Te ves hermosa, deberías pensarte en teñir tu cabello de rubio, quizás logres cautivar a Jacob Walton, y derretir su corazón —a pesar de sus palabras, Anne no pudo simular la expresión de tristeza en su rostro. Maddison la miró a través del espejo, luego se giró hacia su amiga y otra vez esa sospecha surgió en ella, no obstante, en esta oportunidad, le hizo la pregunta de forma directa.  —Anne dime la verdad ¿Te acostaste con ese hombre y te enamoraste de él? —su amiga, no respondió, sin embargo, varias lágrimas brotaron de sus ojos y ella las limpió con rapidez. —No seas tonta Maddy, eso no es así y de ser verdad nunca tendría ninguna oportunidad, porque Jacob no ama a nadie, ese hombre es el mismísimo Lucifer, no siente amor, ni siquiera afecto o consideración por nadie, es un monstruo, no creo exista alguien capaz de ablandarlo y robar su corazón  —mencionó despectivamente su amiga. » Bueno, llegó el momento de tu partida, no te preocupes por Patrick, lo cuidaré bien, mantente serena, sigue mis instrucciones, no le huyas, no te sorprendas cuando lo veas, no lo mires fijamente al rostro, actúa como te diga, si te pide desnudarte debes hacerlo sin ningún titubeo y sin pérdida de tiempo, no muestres repulsión y déjate hacer, si quiere amordazarte, amarrarte, te dejas hacer todo, no le debatas así te parezca que no tiene la razón y sobre todo, debes fingir estar siendo lastimada cuando él se introduzca dentro de ti porque eres virgen. » De todas maneras esa ducha vaginal con alumbre, te estrechará más las paredes vaginales, aunque quizás no te haga falta, porque Patrick fue cesárea y no has tenido ninguna relación s****l desde lo sucedido y en cuanto a tu cicatriz, explícale que fuiste operada de apendicitis, vesícula, de cualquiera de esas, ten presente, todo lo haces por tu hijo. » Por favor nena, no vayas a permitir que los traumas de ese día se coleen y dañen el momento con Jacob, porque si te descubren estamos muertas. —Tranquila Anne, si me llegan a descubrir, te lo juro por mi hijo, no voy a mencionar tu nombre, solo una cosa más voy a pedirte, por favor, si algo llegase a sucederme, no abandones a Patrick, debes cuidarlo como si fuese tuyo —su voz se quebró, respiró profundo para volver a tomar el control de sus emociones, no era el momento de derrumbarse. —Sabes cuento lo amo, le daría a Patrick mi propia vida si es necesario —habló Anne con sinceridad—. Ahora baja, ya llegó la limusina. —El dinero está en mi cuenta, llama al médico, dile que ya podemos hacer el tratamiento, llámalo ahorita, si es posible, envía el pago hoy, si me descubren por lo menos quiero que haya válido la pena todo el sacrificio, porque Patrick podrá seguir con su tratamiento. Maddy le dio un beso a su amiga y abrazó a su hijo, dejando también un beso en su frente, pese a ello, no pudo evitar esa sensación de desespero invadirla. Aun cuando salió con pasos firmes, por dentro era un manojo de dudas, inseguridades y miedo, sobre todo mucho miedo. Cuando estaba llegando al lado de la limusina, el chófer descendió y le abrió la puerta trasera, a pesar de haber expresado su saludo, porque lo cortés no quita lo valiente, no recibió respuesta. Hizo el trayecto como en una especie de nubla, le parecía tan irreal como estaban sucediendo las cosas, le provocaba tirarse del auto y escapar de ese destino desagradable al cual debía enfrentarse en solo una hora, y pese a intentar bloquear su mente de esos momentos tan desgraciados de su pasado, fue inevitable detenerlos y los recuerdos la inundaron, las asquerosas manos del hombre recorriéndola, sus gritos de desespero, su intento de huida, su sex0, desgarrándola mientras se introducía con violencia en ella, sintió el terror ahogándola como una fiera y maligna mano, su respiración, se aceleró, al mismo tiempo que un grito de horror surgió de su boca llenando el auto. El chófer asustado paró el auto a un lado de la calzada y abrió el vidrio del compartimiento, el cual separaba la parte delantera de la trasera. —¡Señorita Ferrer! —exclamó el hombre, al verla sollozando —¡Señorita Ferrer! —no obstante, la mujer estaba como ida, su rostro asustado, entretanto su frente comenzó a transpirar. Justo en ese momento, el teléfono interno de la limusina sonó, el chófer no dudó en atenderlo, cuando se dio cuenta de que se trataba de su jefe. —¡¿Quién te ordenó detenerte?! —exclamó Jacob en un tono peligroso, sin embargo, antes del chófer poder pronunciar palabra, el hombre continuó con severidad—. Bien lo sabes Peter, nadie respira porque quiera, si lo hacen es porque yo se los permito. Ahora apresura ese maldito carro y te presentas en cinco minutos, porque en caso contrario date por despedido y no vas a volver a conducir en tu vida, ni siquiera un triciclo —mencionó con voz baja, aunque escalofriante, para seguidamente cortar la llamada, sin esperar explicación. El chófer quería calmar a la chica, pero estaba en una situación de peligro, o era ella o él y por razones obvias se escogería a sí mismo, lamentaba mucho lo que debía enfrentar la muchacha. Pisó el acelerador, pues no tenía pensado en pasarse del tiempo dado.  En los minutos establecidos se estacionó en uno de los lujosos hoteles, propiedad de Jacob Walton, él era único dueño y señor de todo, como lo era en varios sectores, automotriz, turístico, farmacéutico, robótica, aunque su mayor activo estaba en que era uno de los gigantes en el negocio de la guerra, poseía una de las principales empresas militares del mundo y productora de armamento, misiles, sistemas de defensa, aviones de guerra y otras armas secretas. Al llegar, el chófer intentó sacar a la chica, quien estaba recostada en posición fetal con un rostro de absoluto miedo, pero sus intentos fueron infructuosos, y no quería lastimarla porque la ira de Walton sería peor, otra vez su jefe marcó. —Llegaste al hotel, y aún no bajan, ¿Acaso creen que tengo todo el tiempo del mundo para esperarlos? —inquirió en un tono seco, dejando en evidencia su irritabilidad.  —Señor Walton, la chica no quiere salir, hemos intentado bajarla con uno de los hombres de seguridad, y no ha sido posible —el hombre estaba temeroso, cerró los ojos contando mentalmente el tiempo en que duraría su jefe para explotar. —¡Yo la voy a buscar! Después de todo extrañamente estoy ansioso por conocerla, ¿Cómo debe ser una mujer que se pone el precio de dos millones de dólares para yacer con ella? —sus palabras causaron sorpresa en el chófer. En menos de diez minutos estaba junto a la limusina. —¡¿Qué esperan? ¿Por qué no la sacan?! —exclamó impaciente. —Señor Walton,  el problema es...—su voz se interrumpió ante el grito del hombre. —¡Son una cuerda de ineptos! Es lamentable porque últimamente ese es el tipo de personas que me están rodeando y mi paciencia se está agotando, no se quejen cuando tome acciones para deshacerme de todos ustedes porque no me sirven. Al parecer si deseo las cosas bien hechas, debo hacerlas por mi mismo —dijo esto último para sí. Le abrieron la puerta del auto, el cual era uno especialmente diseñado para él debido a su estatura, entró molesto, dispuesto a poner a esa mocosa en su sitio, nunca nadie había intentado controlarlo y ella no iba a ser la primera, la vio recostada con el rostro escondido, abrazándose a sí misma. —No estoy para juegos muchachita, si crees que con esto te vas a ser más interesante frente a mis ojos, ¡Te equivocas! Realmente me enfurece, esta escena —como ella seguía en la misma posición ignorándola, su enojo creció. » ¡Te estoy hablando! Hazme el favor de mirarme a la cara, cuando hablo todos deben obedecerme —explotó molesto, tomándola del brazo con firmeza. Ella pegó un brinco, aunque segundos después, esa voz le hizo levantar la vista. Cuando Jacob centró su atención en su rostro, dio un respingo de sorpresa y quedó helado al ver los ojos más hermosos y extraños que había visto en su vida, color violeta, como la piedra amatista. «Lo que asombra una vez, pero lo admirable se admira cada vez más». Joseph Joubert.
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