A decir verdad siempre le habían desagradado las mujeres castañas, las evitaba como a la peste, no porque tuviera algún indicio de racismo en su cuerpo, si no debido a esa experiencia del pasado que marcó su vida para siempre, sin embargo, al ver la cascada de cabello castaño de la mujer, no pudo evitar el intenso deseo por ella, porque se veía hermosa con unas características semejante a las descripciones que la mitología griega daba sobre sus diosas. La observó sin cohibirse, posando toda su atención en ella, aunque más que hipnotizado, estaba idiotizado y eso lo tenía nervioso, porque no quería verse vulnerable frente a ella, le tomó el mentón y le alzó la cara. —Te dije que no bajaras tu rostro, siempre observa a los demás con tu mirada alzada, y tu mentón elevado. Ahora respóndeme,

