Sienna:
Me desperté totalmente desorientada y sin saber en donde estaba. Luego vino el dolor de cabeza en mi sien derecha que me retumbaba, como si adentro me estuvieran golpeando con un martillo. Cerré mis ojos y me quejé, fuera de eso me dolía todo el cuerpo.
Fue entonces cuando sentí algo removerse a mi lado y un peso posarse en mi cintura desn*da. Me levanté de golpe y mi cabeza, junto con mi cuerpo, protestaron por mi estupidez. Incluso los rayos del sol no colaboraron con este hecho.
¿Por qué había dejado las persianas abiertas? ¿Y por qué me dolía tanto la cabeza?
—¡Auch! —Me queje para luego observar con ojos sorprendidos toda la habitación—. ¿Dónde estoy?
Sacudí mi cabeza, sintiéndome totalmente confundida. Mi mirada viajó por la sabana de seda que me cubría, y llegue sentirme excepcionalmente cálida y algo más...
Levanté la sabana del todo y me encontré totalmente desn*da. —Pero que...
Giré mi rostro y entonces lo vi. Él dormía boca abajo, con un brazo musculoso extendido fuera de las sábanas, dejando al descubierto su piel suave y sin imperfecciones. No era lo único en exhibición, también lo estaba su espalda. Mi mirada viajó por esa irresistible curvatura y por la línea de su columna que desaparecía debajo de la sabana, dejando su trasero fuera de la acción.
Trague saliva, sintiendo que algo en mi interior se encogía de anticipación. Incluso sentí mis partes de chica encenderse. Levanté mi tacto a punto de hacer algo impensable, pero me detuve.
Inmediatamente, me cubrí la boca con una de mis manos y a mi mente llegaron los recuerdos de lo que sucedió anoche.
“¡No puede ser, perdí mi virginidad con un desconocido!”, pensé con nerviosismo.
Entonces un recuerdo más vino a mi mente.
Sus labios apasionados se apartaron de los míos, por falta de aire, y yo no podía dejar de mirar el atractivo de ese hombre.
—Mi nombre es Marcus —dijo él mirándome fijamente con sus ojos verdes, mientras se quitaba su camisa blanca—... Y más te vale recordarlo, porque lo gritaras toda la noche.
Desvié ese pensamiento y regresé al presente.
Marcus, ese era su nombre y también recordaba que prácticamente me entregue en bandeja de plata a este hombre. Ni siquiera proteste.
¿Pero qué era lo que me sucedía? Además de eso era un CEO.
Como sea, tenía que salir de aquí.
Aprovechando que Marcus dormía plácidamente, me levanté y busqué mis prendas con esfuerzo. Aún dolía mi cabeza por todo lo que bebí y mis partes íntimas no eran la excepción.
“Marcus fue un animal anoche”, pensé mientras me ponía las bragas y el sujetador, sin dejar de mirarlo.
Como no, este hombre parecía que no se cansaba. Si lo habíamos hecho como tres veces y lo peor era que..., lo había disfrutado. Fuera de eso la tenía de buen tamaño.
Mordí mi labio inferior y sentí como mis mejillas se calentaban por este hecho.
“¡Sienna detente!”, me regaño esa voz en mi interior.
Sacudí mi cabeza, enfocándome y seguí con la acción de ponerme mis jeans, y luego mi camisa que estaba totalmente r*ta.
Lance dardos de enojo hacia ese desconocido. —¡Vaya en que lío me metiste, tú y tu estúpido rostro s3xy!
Gruñí molesta y me amarré como pude la blusa, creando una especie de top. Esperaba que mi madre no notara nada extraño. Aunque eso sería demasiado difícil, ella conocía cada prenda que guardaba en el closet, pero algo se me tenía que ocurrir.
Teniendo esto listo, tomé mi cartera que estaba tirada en el suelo, para luego observar a Marcus por última vez.
Nunca lo volvería a ver y eso me hizo sentir algo extraño en el pecho, como una especie de vacío y no era para menos, después de todo me entregue por completo a él.
Dejé escapar un suspiro resignado, pero así tenía que ser. No creía ni por un segundo que una relación se pudiera dar entre Marcus y yo. Nuestra diferencia de edades, lo echarían todo a perder.
Volviendo a suspirar, me di la vuelta para salir de la habitación. Más, sin embargo, mis pasos se detuvieron. Algo me faltaba.
Llenándome de valor, gire mis pies de vuelta al extraño y sin pensármelo dos veces, incline mi rostro y deposite un beso en su mejilla expuesta. Enseguida aspiré el aroma de su colonia y un hilo de placer me recorrió el cuerpo. No creí que sentiría tanto por un desconocido, pero así era. Lo deseaba de nuevo.
—Adiós. Nunca te olvidaré. —Susurré y volví a besarlo.
Estaba tan embelesada que no note que Marcus se estaba removiendo. Asustada, me alejé rápidamente y salí corriendo de esa habitación.
Una vez en el pasillo, entre sin demora al ascensor. Oprimí el botón de bajada, al primer piso y dejé escapar el aire de mis pulmones, sintiéndome aliviada. Por mi estupidez casi me descubre, como sea, no pensaba que él me quisiera ahí, así que era mejor haberme ido.
Queriendo enfocarme en algo más, algo que no fuera ese vacío en mi pecho, saqué mi móvil y empecé a revisarlo.
Me encontré con cincuenta llamadas perdidas de Amanda y cien de mi madre. Sumado a eso, también había mensajes de texto.
Gemí pasándome una mano por mi cabello. —¡Dios, mi madre va a mat*rme! ¿Qué excusa le inventaré? —Me queje con nadie—. Fuera de eso me acosté con un viejo desconocido, y si ella se da cuenta...
Negué dispersando esas quejas sin sentido. Debía dejar de pensar en eso.
De todas formas, no volvería a ver a Marcus, ese hombre sería cosa del pasado y mi madre jamás se enteraría. Además, aún estaba dolida por lo que me hizo Jeisson, aún lo quería y eso tardaría un tiempo en sanar.
Así que definitivamente, no tenía espacio en mi corazón para otra persona.
**********
Media hora después, llegue a mi casa. Tomé la llave y la introduje en el cerrojo, abriendo con suavidad. Al cerrar hice la misma acción, fue cuando me topé con el espejo. Abrí mis ojos sorprendidos, al ver que no solo mis ondulaciones rubias estaban despeinadas, sino que también tenía varios chupones en el cuello y otro en mi abdomen.
Mierd*.
Sin detenerme un segundo, abrí el armario de abrigos que había en la entrada de la casa y saqué enseguida una chaqueta de jean, que usaba para ir a la universidad. Me la puse y me la abotoné hasta arriba.
Hecho esto, empecé a avanzar por el pasillo, rogando al creador que mi madre estuviera completamente dormida.
Empecé a relajarme cuando iba llegando a las escaleras y no vi ningún rastro de ella, pero de repente...
—¡Sienna!
Me di la vuelta rápidamente y brinqué en mi lugar, asustándome por completo. Ella estaba allí de pie, en la entrada de la sala de estar con una bata de dormir y calzando pantuflas. Cualquiera pensaría que estuvo en la cama toda la noche, pero sabía más que nadie que eso no era cierto. No había descansado nada, me lo decían los círculos violáceos bajo sus ojos.
—Mamá, yo...
Ella me interrumpe, cruzándose de brazos. Se veía bastante enojada. —¡Sienna, son las siete de la mañana! ¿Sabes cuantas veces te llame anoche? —Me pregunto.
Abrí mi boca para responder, pero ella continuo con su regaño. —¡Estaba preocupada por ti señorita y tuve que llamar a Jeisson, pero tampoco me contesto!
Me acerqué un paso, sintiéndome preocupada y a la vez triste. —Lo... Lo siento mamá, me quedé dormida.
Mi madre abre sus ojos en advertencia. —Sienna, no será lo que estoy pensando.
El juicio en su mirada me decía que no tomaría de buena forma que me haya acostado con alguien.
Negué rápidamente. —No, mamá. —Me apresuré a decir—. Solo que... Jeisson se sentía muy triste porque sus padres volvieron a viajar, dejándolo solo. Me quedé un rato con él, a ver la película y luego no supe en qué momento, pero me quedé dormida.
La mentira salió fácilmente y solo esperaba que se la creyera, pero ya estaba dudando.
Ella me observó de arriba abajo, inspeccionándome. —Con esa chaqueta no saliste anoche.
Caraj*. Trágame tierra y escúpeme fuera de casa.