Marcus: Durante el camino hacia la universidad, el deseo se mantuvo en el aire. Dejé una mano en el volante y la otra descansando en su propio muslo. De vez en cuando lo apretaba y veía como le afectaba. Esto me tenía lleno de anticipación, así que tomaba como excusa cada semáforo en rojo, para mirarla y besarla. Pero no era lo único que hacíamos, hablábamos de todo. De nuestros gustos, de su universidad y otras tantas cosas. Todo con tal no reventar esta burbuja en la que estábamos. Detuve el Bugatti frente a la universidad y apagué el motor. Sin pensarlo, me acomodé de lado y me acerqué hacia ella para darle un último beso. Las ventanas eran polarizadas, así que nadie nos vería. Al principio fue suave, pero como siempre sucedía, se convirtió rápidamente en algo incontrolable. El

