Capítulo 9 —¡A mí nadie me termina!

2068 Words
Sienna: Horas después, salí del taxi y noté que mis amigos, Ethan y Amanda, me esperaban sentados en unas bancas de piedra que estaban posicionadas en una pequeña extensión de la universidad. Más adelante de ellos también estaba Jeisson esperándome. Tomé con más fuerza la correa de mi morral y respiré profundo, preparándome. Aunque esta sería una misión imposible. El dolor en mi pecho, era insoportable. No era para menos, un hombre que había sido mío durante un año y que pensé lo sería por siempre, me había traicionado de la peor forma, y no con cualquiera, sino con una de mis amigas. Aparté la mirada y reprimí el impulso de ponerme a llorar. Como sea, debía seguir adelante. Caminé más deprisa y lo pasé de largo. —Sienna, mi amor. Sentí mi cuerpo tensarse, por sus palabras, pero lo ignoré y seguí caminando. —Sienna. —Jeisson me sujetó por el brazo, impidiendo mi progreso. Lo observé con desafío. —¡Suéltame! —Forcejee con él, pero no me dejaba ir. —No, amor, hablemos —decía él con convicción—. Eres mi novia y tienes que escucharme. Casi me burlé en su cara. —Las novias se respetan, Jeisson, y lo que tú hiciste con Ava, no tiene nombre. —Le dije con todo el enojo que sentía—. Así que grábatelo muy bien en tu cabeza, terminamos. Sus ojos me observaron con furia. —¡A mí nadie me termina! —Sus dedos se clavaron en mi piel y me quejé por el dolor. —¡Jeisson, suéltame! Más, sin embargo, él no escuchó. Su atención estaba en mi cuello, justamente en los chupones que tenía sobre mi piel. Que obviamente, no había tapado muy bien. —Tú..., ¿te acostaste con otro? —Sus manos ahora sostenían mis brazos y casi me sacudía del enojo que sentía. —¡No tengo que darte explicaciones! —Alce mi voz, pero sentía que iba a llorar en cualquier momento. Jeisson gruño con molestia. —¡Nunca quisiste acostarte conmigo! ¿Pero con otro si lo hiciste? ¡Eres una perr*! Mis lágrimas no tardaron en derramarse por mis mejillas. —¿Cómo te atreves a decirme eso? —Le grité e intenté salir de sus garras, pero parecía imposible. Sus ojos lucían enloquecidos. —¡Sienna, eres mía! ¿Me escuchaste? No lo reconocía y sentía como miles de dardos de miedo me pinchaban todo el cuerpo. —¡Suéltame, Jeisson! ¡Me lastimas! Él sacudió su cabeza en negativa y me observo con su mirada asesina. —Ni hablar, me darás lo que me negaste por mucho tiempo. No podía creer lo que él me estaba diciendo. ¿Me forzaría? Dios, y ahora, ¿cómo escaparía de esto?, pero de repente alguien llegó en mi auxilio. —¡Te dijo que la soltaras! —dijo una voz gruesa. Giré mi rostro y vi a Ethan, uno de mis otros amigos, acercándose a nosotros. Él no me observaba, su atención estaba en mi exnovio y lo que vi en su expresión, también daba miedo. Ethan, haría cualquier cosa por mí. Lo sabía, porque aparte de ser uno de mis mejores amigos, siempre me defendía cuando algún chico se pasaba de listo. —¡Tú, no te metas! —Le gritó Jeisson devuelta. Ethan se acercó un paso más y lo tomo por el brazo. —¿En serio, vas a luchar conmigo? Ante su amenaza, Jeisson me soltó y no era para menos. Ethan era gimnasta y su cuerpo siempre estaba en forma. Sobre todo, listo para una pelea. Mi exnovio apartó su mirada de mu*rte de Ethan, para luego ponerla en mí. —¡Sienna, esto no se va a quedar así! —Me señalo con un dedo y luego se alejó del todo. Dejé escapar el aire que estaba conteniendo en mis pulmones y fui inmediatamente a abrazarlo. Mi amigo sin pensarlo, me acogió en su calor. —¡Ethan! —dije su nombre con un ligero temblor en mi voz—. Yo no sé por qué se comporta así, yo... Él me interrumpe. —Shhh, ya lo sé todo, Sienna. —Susurro tranquilamente—. Pero ya paso, Jeisson jamás volverá a acercarse a ti. De eso me encargo yo. Su mano acarició mi espalda y yo solo pude refugiarme más en su cuerpo, hecho especialmente para esto, para proteger. En ese momento, sentí otro toque en mi brazo y escuché una voz familiar. —Sienna. Levanté mi rostro y vi a Amanda observarme con preocupación. —Lo... Lo siento por haberme ido anoche del bar. —Empecé a excusarme. Amanda sacude su cabeza, restándole importancia. —Tranquila amiga, todo estará bien. —Me dice acercándose. Ethan lo entendió perfectamente y se alejó para darle el turno. Mi amiga, sin pensarlo, vino a abrazarme y también hice lo mismo, estrechándola contra mi cuerpo. Apoye mi mentón en su hombro, mientras ella me consolaba con su tacto. —Estuve muy preocupada por ti, Sienna. No vuelvas a hacerme eso. —Su voz se escuchaba afectada. Asentí y me aparté un poco. Amanda siguió adelante y secó mis mejillas. —Y no llores más, que ese idi*ta no se merece tus lágrimas. Volví a inclinar mi rostro afirmativamente. —Como sea, vámonos a clase o llegaremos tarde. —Les dije a ambos. No quería pensar más en Jeisson. Ethan resopló y me observo con burla. —¿A clase? ¿Estás loca? Vi que Amanda lo observo y negó, dándole una sonrisa cómplice. —Ethan tiene razón. —Ella me observó con calidez en su mirada de ojos cafés—. Hoy vamos a relajarnos, lo necesitas. Además, tienes que contarnos en donde estuviste anoche. Gemí interiormente, los amaba en serio por pensar en mí. Pero a la vez solo quería lanzarles mi bolso, distraerlos y salir huyendo de ellos. Solo que eso sería muy evidente. De cualquier forma, fingiría, no les contaría nada por el momento. Les di una pequeña sonrisa a ambos. —Está bien. —Acepte su plan. ************ Nos encontrábamos escondidos en el palco de la sala de teatro de la universidad, mientras observábamos una obra de teatro superpésima. En otro momento, me hubiese reído, pero hoy no era mi día. Observé a mí dos únicos amigos, porque Ava, ya no era parte de nosotros y continué desahogándome. —Los encontré a los dos en su casa y ella solo dijo que se llevaban viendo desde hace mucho y que se amaban —dije con una mezcla de tristeza y de enojo. Amanda negó y acaricio mi espalda, mientras me ofrecía los chocolates que compró más temprano para mí. Negué con una mueca en mis labios, tenía el estómago demasiado sensible y no podría soportarlo. Más, sin embargo, Ethan no desaprovecho el ofrecimiento. Mi amiga suspiró y enfoco su atención en mí. —Ava es una perr* y pensar que le contábamos todo. Asentí y no pude evitar derramar algunas lágrimas, llenas de frustración. —Los vi juntos la otra vez en la cafetería. Creí que solo estaban bromeando entre ellos, pero nunca imaginé que tendrían una relación en secreto... Me detuve, había sido tan estúpida, ahora le hallaba significado a sus sonrisas tan amigables y a las miradas fugaces que se daban en mi presencia. Sacudí mi cabeza y me enfoqué. —¿Ustedes lo sabían? —Les pregunté con voz espesa. Ambos negaron, pero fue Ethan el que me respondió. —Si yo lo hubiera sabido, te habría dicho y de paso lo hubiese golpeado hasta dejarlo inconsciente. Abrí mis ojos sorprendidos y pose una de mis manos en su antebrazo musculoso. —Es mejor que no, te puedes meter en un problema y de paso te cancelan la beca. Sus ojos azules me observaron con ternura, pero no alejo la seriedad de su expresión. —No me hubiera importado con tal de defenderte. Le di una sonrisa cálida y me acerqué a su calor. Ethan inmediatamente, tomó mi rostro entre sus manos y limpio mis lágrimas con sus pulgares. —Ya no llores, Sienna. —Él depositó un dulce beso en mi frente—. No vale la pena. Asentí y respiré profundo tratando de calmarme. —Gracias, Ethan. —No aparte mi atención de sus ojos—. Te quiero mucho, ¿lo sabes? Eres como ese hermano que nunca tuve. Lo veo fruncir el ceño y su sonrisa se convierte en una mueca. —Mi hermosa, Sienna. —Él aparta un momento su mirada. —He, yo ya vuelvo —dice Amanda interrumpiendo nuestro momento. Me alejé un poco de Ethan y la observé. —¿A dónde vas? —Le pregunté con curiosidad. Mi amiga suelta una pequeña risita y se levanta de su silla. —A traer unos refrescos. —Te acompaño —dije rápidamente, pero ella me corta efusivamente. —No, quédate. Ya vuelvo —dijo esto y casi salió huyendo. Fruncí mi ceño confundido y regresé mi atención hacia Ethan, quien tenía la mirada perdida en el escenario. —¿Sabes qué le sucede? —Quise saber. Él se encoge de hombros. —No lo sé y no me interesa. —Su mirada intensa, regreso a la mía—. Pero qué bueno que se fue, porque necesito preguntarte algo. —Sí claro, qué sucede. —Lo observé atentamente. Ethan toma mis manos con las suyas. —Esos chupetones... —Su mirada se dirige hacia mi cuello—. Los vi antes y también escuché que Jeisson te reclamo por eso. Desvié mi mirada de él y me sentí sonrojar al recordar como los obtuve. —Es una larga historia. Dios, era una chica muy mala. No había acabado de romper con Jeisson, cuando ya estaba acostándome con ese señor y pensando otra vez en él. Más, sin embargo, Ethan no lo dejo pasar. Puso uno de sus dedos en mi mentón y me hizo observarlo. —Hermosa, sabes que puedes confiar en mí. —Él me instó a continuar—. Dime que sucedió. Respiré profundo y mi mirada se quedó trabada en la suya. ¿Cómo no podía confiar en él? Lo hacía de sobra y más cuando siempre me daba esas miradas que me decían que a su lado, siempre estaría a salvo. —Ethan, por supuesto que confió en ti, es solo que estoy algo avergonzada. Mi amigo me dio una sonrisa ladeada. —Yo soy el rey de la vergüenza. —dijo con burla—. Siempre tengo que esconderme de las chicas con las que me acuesto, o si no, me arman un show delante de toda la universidad ¿recuerdas? Asentí, las dos chicas se jalaron el cabello delante de toda la clase, solo por ver quien se quedaba con mi amigo y no era para menos. Ethan era bastante atractivo, su cabello castaño, sus ojos azules y su cuerpo de campeonato, lo hacían ver bastante irresistible. Bueno, no para mí, para las demás. Negué con una sonrisa. —Como olvidarlo. —Entonces, dime. Aspiré aire a mis pulmones y me preparé. —Ayer fui al club del algodón, quería olvidarme de lo que vi en casa de Jeisson. Así que le pedí a Amanda que me sirviera algunos tragos. —Bebí demasiado y estaba tan desorientada que me acosté con un desconocido. —Le dije con nerviosismo—. Bueno, no es tan desconocido ahora. Supe que es CEO de alguna compañía en Manhattan. El hecho es que le di mi primera vez a él, solo por venganza... Vi como Ethan tensaba su mandíbula y bajaba su mirada al suelo. —Yo no soy quién para juzgarte, Sienna, pero... —Su mirada enojada, regreso a la mía—. No debiste darle algo tan preciado a un hombre cualquiera y solo por lo que el malnacido de Jeisson te hizo. Estuve a punto de llorar por la decepción que vi en su mirada. —Tienes razón, no sabía lo que hacía. —Le dije con tristeza. Como sea, esto no se lo diría, pero no me arrepentía para nada. Mi primera vez fue justo como la espere y estaba segura de que siempre la recordaría. Ethan suspiró y poso una de sus manos en mi espalda. —Bueno, ya no pensemos en eso. Asentí, era mejor no hablar de mis sentimientos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD