—Oh, estoy seguro de que lo meterá en algún lugar, en cuanto tenga la oportunidad— las risas que salían de él prácticamente lo hacían doblarse de pura diversión. Su enojo se desbordó. —Sé que crees que eres gracioso. Pero no me resulta ni un poco gracioso a mí, Jackson—, le gritó. Él se puso de pie, se aclaró la garganta, reprimió su risa y asintió. —Entendido...sabes, ya no eres tan divertida como solías ser. —Bueno, me pregunto por qué—, le lanzó una mirada furiosa y luego se dirigió hacia la escalera. Sabía que había un ascensor que podía tomar. La casa de la manada tenía 5 pisos de altura, pero realmente quería pisar fuerte hasta el último piso, dejando que su ira y descontento por sus estúpidos comentarios fueran conocidos. Jackson la siguió por las escaleras y fuera de la casa de

