Lia estaba completamente ensimismada mirando a Evan, se veía tan jodidamente atractivo con ese semblante peligroso amenazando a su exnovio que ni siquiera prestó atención al rostro de Max y lo rápido que abandonó su despacho. No era capaz de entender como había podido olvidarse tan rápido de Max si apenas hacía una semana todavía lo lloraba y ahora ni siquiera le importaba en lo más mínimo, más bien le caía mal por la forma en que la había tratado en la fiesta y sobre todo por como la había tratado nuevamente esa mañana. — Se suponía que tú no venías hoy a la oficina — dijo Lia sin poder apartar la vista de su novio. —¿Quién dice que he venido a trabajar?— dijo él atrayéndola, dejando de lado su aura asesina una vez que él ex de Lía abandonó su oficina y volviéndose muy dulce con ella.

