A primera hora de la mañana, Alexander estaba sentado en la silla de la cabecera de la sala de juntas, estaba ansioso por volver a ver a Damián, aunque los nervios parecían traicionarlo, este jugaba muy bien su papel del hombre a cargo, una taza humeante de café en su escritorio, un par de contratos y las esperanzas puestas en su última jugada que eran todo lo que tenía Alexander para mantenerse despierto, después de una larga noche llena de alcohol y sexo con aquel al que había convertido en su amante desde ese día en el bar de mala muerte. Patrick entró a la oficina y después lo hizo él representante de Damián junto a un abogado todos parecían haberse puesto de acuerdo, los cuatro hombres en ese lugar vestían trajes negros de tres piezas con camisas de color blanco y zapatos oscuros, s

