—Disculpe debemos abordar —dijo una hermosa y joven sobrecargo, mientras trataba de llamar la atención de Damián, mientras este último miraba fijamente al final del pasillo esperando por aquel sueño que parecía se estaba acabando en ese momento. Damián se levantó, y sin ninguna expresión en su rostro entregó los documentos qué lo llevarían a la ciudad de dónde él mismo creía nunca debió haber salido. Durante el vuelo se obligó a dormir pero sus pensamientos intensos lo despertaban constantemente, los recuerdos de Alexander en su cama, los días que pasaban charlando, y cenando juntos, las risas y las miradas, parecían un verdadero sueño. Damián sabía desde un principio que tendría que dejar que el camino siguiera su rumbo, cada noche al lado de Alexander lo llenaba de placer pero al m
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