Después de un buen desayuno, una larga charla y un par de tazas de café, Damián y Ernesto estaban sentados en el sofá, mirándose uno al otro, con los pies descalzos sobre el sofá rozando entre sí, en completo silencio, la necesidad de tocarse era mucha, más allá de cualquier problema, más allá de malos entendidos. el ambiente era algo especial, la lluvia al mediodía con las nubes oscureciendo el cielo hacían que ese momento parecía perfecto, los dos se lanzaban miradas llenas de lascivia, Ernesto era mayor que Damián pero tan solo por algunos años, este tenía un pantalón corto y rozaba los pies de Damián con los suyos, acariciando la piel del otro, ambos tenían los pies encogidos levantando las rodillas y Damián estiró las piernas, dándole acceso a Ernesto a su cuerpo, este se incorporó

