Damián enmudeció ante la orden que había dado Alexander, sabía que de alguna manera no podría negarse, pues aunque su trabajo marcaba un horario, el trabajo de un asistente, siendo Alexander su jefe, significaba que este en cualquier momento del día y cualquier día lo obligaba a tener que estar disponible para su jefe y tratar de aprender lo que más fuera posible, y así poder cumplir sus sueños. Por la mente de Damián pasaron las palabras que le dijo a Ernesto. Le prometió volver y tener ese encuentro que había quedado en pausa a causa del propio Alexander. Respiró profundo y ladeando una sonrisa al fin asintió con la cabeza. —Señores fue un placer hacer este negocio, enviaré los documentos el lunes muy temprano y en la próxima semana comenzaremos con la entrega, ahora me disculpo pero

