Capítulo Siete Solo que se trata de la Diablesa, y que está sonriendo… no es algo que esperarías ver antes de ser arrojada a los calderos ardientes del infierno. Me quito un auricular de la oreja. Es probable que mi mirada de pánico denote cómo me siento. —Quería que tuvieses esto. —Bella me entrega una mochila decorada con genitales dibujados a mano. Vaaale. Le cojo rápidamente la mochila, me la aprieto contra el pecho y la miro, pestañeando. En la bolsa hay algo pesado. ¿Podría tratarse del corazón o el hígado de la última persona que intentó sabotear su trabajo? Ella me mira con gesto expectante. —¿Gracias —musito. —Es el traje. —Ella menea las cejas con gesto lascivo—. El que has probado. Pensé que querrías terminar la demo. Vuelvo a sonrojarme... y ya tengo las mejillas bien

