Capítulo Diecisiete Si su carrera como maga no consigue despegar, Gia siempre puede intentar dedicarse al derecho. Da igual lo mucho que intente discutirle que los tacones más la lencería más el vestido más el maquillaje más la cera suman cinco favores, ella arguye con tono de experta que «tener pinta de tía buena» es uno solo. Me pasa una caja de zapatos mientras hace una recapitulación de sus argumentos. —Enseñarte a abrir cerraduras incluyó hablar, gesticular, respirar y mucho más, pero no consideré esas subsecciones como favores separados. Deberías estar agradecida de que esté usando mi favor para algo tan desinteresado como hacer que tú estés guapa para tu cita. —Sí, eres toda una santa —suspiro, y abro la caja—. Estos son zapatos de los que claman al cielo que alguien te eche un

