Capítulo Diecinueve Sorprendentemente, este trago solo me abrasa una fracción de lo que lo hizo el anterior. ¿Será por eso que el tiempo que transcurre entre el primer brindis y el segundo ha de ser breve? —Deberías frenar un poco —me susurra el Diablo al oído y su cálido aliento me pone la piel de gallina—. Di «para» antes a la siguiente ronda. ¿Perdona? ¿Me está diciendo lo que tengo que hacer? No es mi jefe. Al menos no aquí en el restaurante. —Toma. —Agarra un cuenco de algo que parece ensalada de patatas y deposita un poco en mi plato—. Come algo. Como todos los demás están también centrándose en la comida, pruebo lo que me ha puesto. Mmm. A diferencia de la ensalada de patatas normal, un plato que no me gusta, este tiene carne, guisantes y (por supuesto) encurtidos picados, qu

