Carlos y yo llevábamos 2 meses de novios, era un chico tierno, caballeroso y atento, pero nadie imaginaba que era el hombre más caliente.
Carlos solía trabajar en una oficina como jefe del área administrativa. Ese sábado que jamas olvidaré le tocó trabajar tiempo extra, cerca del medio día me llamo.
-¿Que tal amor, vendrás por mi al trabajo? tengo.muchas ganas de verte.
-¡Claro mi amor! ¿A que hora quieres que vaya?
-¿Puedes en 2 horas preciosa?
-Sí, amor.
-Cuando estés aquí me llamas por teléfono y bajo de inmediato.
-Claro que si bebé.-y colgamos.
Me aliste para ir por el, decidi ponerme un vestido casual y unos zapatos comodos, aunque por si a caso decidi usar lencería, uno nunca sabe cuando pueda ser útil. Al llegar fuera de su oficina, la marque a su teléfono, como me lo había pedido, de inmediato bajo y al abrir la puerta me jalo del brazo.
-¿Qué te pasa amor, por qué me jalas?
-Porque nadie debe verte entrar mi vida, aun no termino de trabajar y no quiero que estes en la calle mientras tanto. Ven vamos por las escaleras.
Subimos las escaleras hasta el tercer piso, ahí se encontraba su oficina. En cuanto entramos se sentó, yo me acerque a besarlo y no pude evitar sentarme a horcajadas sobre él, de inmediato sentí su m*****o crecer dentro de sus pantalones.
Tomó entre sus manos mi trasero, lo apretaba y nalqueaba de forma sexy y sugerente. Yo no paraba de besarle y mover mi cadera sobre el para provocar un roce y que su m*****o despertara por completo.
Levanto mi vestido y con sus dedos sintió el encaje de mi cachetero, continuo levantando mi vestido hasta quitarlo totalmente, sus ojos se desorbitaron al ver mi lencería y dijo:
-¡Venías preparada!
-Solo un poco.-Respondí
Saco mis senos respingaditos de su prisión y comenzó a lamer mis pezones, el sabía que eso me volvía loca, hacía que me pusiera a mil. Yo comencé a desabotonar su camisa, puso mis manos sobre su pecho, mientras el se deleitaba con mis senos.
Me cargo aun con mis piernas al rededor de su cintura, me puso sobre el escritorio, se separo de mi y abrió mis piernas y comenzó a besar mis muslos hasta llegar a mi centro, yo no podía para de gemir, hasta que me hizo tener un rico orgasmo con su boca pegada a mi. Se levantó y me incorporo hacia él, tomó su m*****o y lo introdujo en mí suavemente.
Cuando volví de ese orgasmo, lo tomé del cuello y exclame:
-¡Cogeme!
El respondió embistiendome, podía sentir como su m*****o toca el fondo de mi, un dolor tan placentero. No podía dejar de ver su cara de placer mientras se introducía en mi y yo tenía mi mano en su cuello, mirándonos a los ojos.
-Quiero tomar tu culito delicioso, volteate.-Dijo, mientras me bajaba del escritorio y yo lo guíe al sillón en su oficina.
Me acosté sobre mi espalda levante mis piernas, para exponer mi hoyito rico y él sin más entro en mi culito. Me embestidas tan rico que no pude contener mi orgasmo, él al verme se dejó ir y terminó llenándome de su semen mi hoyito.
Acabamos sudados, fallados y exhaustos, la oficina era un tremendo desorden de papeles tirados al rededor del escritorio.
Nos levantamos, nos vestimos y salimos de la oficina. Al final Carlos no tenía tanto trabajo como pensé.