Con nuestro compromiso a cuestas, nos sumergimos en la planificación de nuestra boda y en la preparación para la nueva etapa de nuestras vidas. El entusiasmo era contagioso, y cada día se sentía como una nueva aventura en la que estábamos construyendo nuestro futuro juntos. Decidimos que la boda sería en un jardín al aire libre, un lugar que reflejaba nuestra conexión con la naturaleza y nuestro amor por los pequeños momentos. La elección del lugar, el vestido, la decoración, y hasta el menú se convirtieron en una serie de decisiones que hacían que la planificación fuera tan emocionante como estresante. —¿Qué opinas de estas flores?— pregunté, sosteniendo un ramo de lirios blancos y rosas en una tienda de flores. —¿Crees que combinan con la temática del jardín? Gabriel observó atentamen

