La noche se había vuelto un revoltijo de emociones. Lucas seguía hablando como si nada, bromeando sobre quién sabe qué, pero yo apenas escuchaba. Gabriel y yo estábamos a mil kilómetros de distancia el uno del otro, aunque físicamente seguíamos en el mismo sofá. Sentía el nudo en mi estómago crecer cada vez más. Sabía que tenía que hablar con él, pero no frente a Lucas. Tenía que esperar. Sin embargo, Lucas no era precisamente el tipo que captara sutilezas. —¿Alguien más siente que el ambiente está un poco tenso? Porque yo, por alguna razón, tengo ganas de salir a dar un paseo bajo la luna,— dijo, levantándose con su botella de vino medio vacía. —¿O están en medio de uno de esos momentos de pareja que me hacen querer huir? Gabriel lo miró de reojo, pero no dijo nada. Yo, por mi parte, s

