Después de la cena, me acompaña hasta la puerta de mi casa. No hay besos apasionados ni promesas exageradas, solo un —buenas noches— y una sonrisa que me deja flotando. Pero mientras cierro la puerta y entro al apartamento, siento que este es solo el comienzo de algo más grande. Y aunque no sé a dónde nos llevará, sé que quiero averiguarlo. Al día siguiente, despierto con los niños brincando en mi cama y, por primera vez en mucho tiempo, sonrío sin reservas. La vida es un caos, pero Gabriel podría ser la calma que tanto necesitaba. ¿Qué te parece este nuevo paso en la relación de Laura y Gabriel? ¡Dime si quieres que exploremos más sobre cómo lidian con sus mundos diferentes o si algo más entra en juego! Los días que siguen a nuestra cena son como un remolino. Gabriel sigue presente, m

