2. Compromiso desafortunado (2)

1574 Words
– Maestra, hay alguien del otro lado del pantano. – Son los pacientes desahuciados, no te acerques demasiado. El aire estaba contaminado y cada sanador debía usar una máscara para proteger su nariz y su boca, los guantes y la tela que cubría el pecho también eran necesarios. Por causa de los huesos rotos, heridas de flechas y cráneos abiertos la sangre goteaba de todas partes, nadie adivinaría el color original de mi ropa, solo veían el rojo uniforme. La falta de personal y escases de tiempo evitó que pudiéramos lavar las prendas, para todos los enfermos debió ser una vista terrorífica, la persona que iba a curarlos estaba bañada en sangre. – El olor es asqueroso, ¿cuántas veces debo decirlo?, soy un huesero, no trabajo con carne muerta – en aquel entonces Patrick se quejaba todo el tiempo – maldita sea, Marjory quieres ayudarme a tratar con estos médicos que se les cayeron a sus madres cuando eran pequeños. – En un momento, tengo que hacer algo – le respondí y corrí hacia el pantano, mis pies se hundieron enseguida y tuve que levantar la falda de mi vestido, era una niña de ocho años con el cabello rojo, los ojos almendrados y una máscara cubriendo gran parte de mi rostro, había salpicaduras de sangre en toda mi ropa. No debió ser una imagen agradable. Del otro lado del pantano se veían en la distancia varios hombres cavando agujeros, no les presté mucha atención y miré a los pacientes. Todos eran niños. El mayor entre ellos debía tener doce años y el más joven debía tener cinco, no pregunté dónde estaban los adultos, pensé que los habían agrupado por edades, ajusté mi cubrebocas y me acerqué al primero. Temperatura, manchas oscuras y deshidratación por diarrea. Soy una sanadora, mi poder es la transferencia de energía, puedo tomar la energía vital de un cuerpo y transferirla a otro para curarlo, también puedo tomar la energía negativa de un individuo y sacarla de su cuerpo junto con la enfermedad. Mi poder no es simple, muchas veces después de extraer la enfermedad, el cuerpo humano queda extremadamente débil y existe riesgo de muerte, por esa razón no puedo simplemente curar a una persona, debo conocer su condición y muchas veces alimentarlo con mi propia energía vital, ese método también tiene riesgos. Si tomo demasiado, podría morir. Lo ideal es diagnosticar al paciente para no desperdiciar energía, si me enfoco los riñones y resulta que el problema está en la vejiga, habré desperdiciado tiempo y energía valiosos, después de identificar el problema hay que tratarlo, reparar el daño o extraerlo y al final usar medicamentos para que el paciente se fortalezca de manera natural y nosotras las sanadoras podamos pasar al siguiente paciente. No es simple y no basta con tener la habilidad, para poder usarla, tuve que estudiar desde que anatomía desde antes de aprender a leer y aunque era una niña pequeña, tenía que hacer mi mejor esfuerzo. En medio de los pantanos el problema era tener el diagnóstico correcto para usar los medicamentos apropiados o los mataría en lugar de curarlos. Necesitaba a Elizabeth. Me levanté y el chico al que había tocado me sujetó del brazo, era tan pequeño, debía tener seis años como mucho, delgado, cabello n***o, ojos oscuros y con una apariencia tierna y muy linda, como un pequeño ángel atormentado, supe de inmediato que no podía dejarlo morir, toqué su mano cerrando los ojos y usé mi energía circulándola por su pequeño cuerpo. – Inseamin. Rosa de sangre, la flor capaz de envenenar con el más mínimo toque, nadie había visto esa flor en por lo menos un siglo y ahí había más de doscientos enfermos por ella, era tan imposible que pensé que mi diagnóstico era errado, pero los síntomas coincidían, si no pensé antes en eso fue por su imposibilidad. Pero ya no tenía más dudas. – Pequeña idiota – un hombre llegó y me golpeó empujándome hacia un costado, pude ver al pequeño niño estirando su mano para defenderme y caer al suelo por no poder moverse – vas a contagiarte. – El inseamin no es contagioso a menos que tengas contacto con la fuente. – ¿Qué?, ¿de qué mierda estás hablando? – Estas personas, fueron envenenadas. A poca distancia un hombre levantó a un adolescente, su cuerpo era más alto y tenía el cabello n***o, vi como lo cargaban y lo llevaban a los agujeros. Fue entonces que lo comprendí, esos agujeros eran tumbas. – Alto, deténgase, todavía está vivo – corrí para detenerlo y jalé la mano del joven. – Quítate niña. – No lo haré, no están muertos, fueron envenenados y existe la cura, sí la aplicamos en la próxima hora podrán salvarse, no los entierre – de nuevo me empujaron. – ¿Esto te parece divertido? – un hombre alto con una túnica azul se aproximó – les has dado esperanza y ahora seré yo quien deba quitárselas, ¿es tu idea de diversión?, las personas de tu familia nunca podrán entender lo que la medicina significa, no son más que curanderos mediocres que agitan su mano y cierran heridas, es bueno que aprendas que tu pequeño poder es nada comparado con el verdadero conocimiento médico – me miró desde arriba con la barbilla alzada y un gesto arrogante. – Usted no lo entiende, ellos pueden salvarse – corrí de prisa y abracé el brazo del chico que estaba siendo arrastrado a la tumba. – Ya es suficiente, niña, ¿de qué familia eres? – Soy Mar... – Bela. Elizabeth llegó a tiempo, en ese momento recordé que estaba sustituyendo a Bela por su enfermedad y guardé silencio. – Ella es Bela Sheridan, ¡repite tus palabras! De inmediato el ambiente cambió, todos entendieron que estaban frente a la Santa y guardaron silencio. – Bela, ¿qué está ocurriendo? – Estas personas fueron envenenadas por Inseamin. Elizabeth no perdió el tiempo, tomó la mano del chico que estaba siendo cargado y cuyo rostro estaba plagado de manchas oscuras, después inhaló un gemido y se apartó – es verdad, tenemos que darnos prisa o morirán. Nadie tuvo dudas, los medicamentos se consiguieron en pequeñas cantidades, la preparación de la medicina tomaría días que los enfermos no tenían, así que yo la apliqué directamente a los pacientes, uno tras otro, mi frente sudaba y mi energía desaparecía mientras me esforzaba por curarlos a todos sin dejar un solo herido. Después de terminar, me quedé en cama por tres días para recuperarme, apenas podía levantarme y necesitaba de Patrick y Elizabeth para alimentarme, de no ser por ellos, es probable que hubiera muerto. Cuando me recuperé, supe que los niños enfermos ya se habían recuperado, sonreí y aproveché una oportunidad para ir al pantano, me gustaban las flores que crecían y quería cortar unas. Me sentí tranquila y un poco emocionada, había hecho algo que ayudó a muchas personas, no era una inútil como decía mi madre, eso me hizo realmente feliz. – Hola. La voz suave vino detrás de mí e interrumpió mis pensamientos, era un soldado de cabello n***o bastante joven, por el uniforme era un recién llegado que prestaba servicio, me pareció muy loable que ayudara a los enfermos con una sonrisa en los labios, la mayoría de los soldados que nos enviaban siempre estaban molestos y actuaban como si los enfermos estuvieran mejor muertos, de esa forma dejarían de comer de los impuestos. – ¿Cómo te llamas? Nadie en las barracas preguntaba mi nombre, al ver mi cabello rojo intenso asumían que yo era la Santa y guardaban silencio, me di cuenta del porque su duda, yo no estaba usando la máscara ni el uniforme que me identificaba como sanadora, o más bien, como Isabela, pensé en dar mi verdadero nombre, al mismo tiempo me asustó, sí mi madre descubría que puse en riesgo la reputación de mi prima, sería muy duramente castigada, así que guardé silencio y me mordí el labio. Temí que él me considerara una grosera. – Cierto – golpeó su palma – no me he presentado, me llamo Tristán Sigfred, General Tristán Sigfred. Parpadeé tres veces – estas mintiendo, tu uniforme es de soldado, no eres un General. – Lo soy, quiero decir, lo seré. Sonreí de forma burlona – por ahora eres un mentiroso. – Te hice sonreír, valió la pena. Era un chico divertido y volví a sonreír. – ¿Me dirás tu nombre? Negué con la cabeza. – ¿Me lo dirás cuando sea un General? Su extremada arrogancia me sorprendió – no sabes si te convertirás en uno, ¿qué pasa si jamás lo logras? – Puedo hacerlo, soy el más fuerte – se acercó un paso y yo retrocedí dos. – No confío, solo estas presumiendo. – ¿Quieres apostar?, ¿qué harás si me convierto en uno? – Si lo logras te diré mi nombre y te llamaré General por el resto de mi vida. Sus ojos se iluminaron – lo has dicho, es una promesa – se acercó tomándome por sorpresa y plantó un beso en mi mejilla. – Tú... – Lo prometiste. Un objeto entró en mi mano, al bajar la mirada descubrí que había una rosa roja muy hermosa, era la primera vez que alguien me regalaba una rosa y también era la primera que me besaban, mi rostro se sonrojó y sonreí de felicidad.  
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