La semana había ido transcurriendo sin muchas novedades para todos, en especial para Nadia, aquella mañana se disponía a hornear algunos pasteles, los pedidos estaban al tope lo cual le hacía feliz.
Su padre le había insistido para que le acompañara a casa de unos amigos, quería visitarles y llevar uno de sus pasteles.
Ella no estaba segura, pero no quiso darse a rogar, así que papá terminó convenciéndola de ir con él a ver sus amigos.
Alice revisaba los insumos en la bodega.
-Mamá…creo que debemos aumentar insumos, esta semana tenemos muchos pedidos extras-.
-Cariño tomé precauciones-.
-Y por cierto…-. Nadia se servía una taza de café y se recostaba sobre una cómoda silla sin dejar de mirar a Alice.
-Madre…no creo que estuviste tomando el sol, y menos con ese atuendo tan elegante-.
-Bueno cariño, todos tenemos gustos diferentes…No me juzgues, es mi estilo-. Alice se encogió de hombros y empacaba varios panes de un pedido.
-Creo que saliste de copas, o sencillamente quisiste ir a pasear por ahí-.
-Tengo amistades, soy una mujer libre-.
-Está bien madre-.
Continuaba su trabajo, pronto serían las seis y Nora pasaría por ella, irían a comprar algunas cosas, y de paso quería ir a la peluquería.
-Me iré a las cinco en punto madre, toma las llaves…nos veremos en casa-.
-Deberías irte a casa y ayudarme con la cena, no te imaginas lo cansada que estoy-.
-Pues las dos estamos igual, aunque por eso me iré temprano hoy, quiero ir a la peluquería, me haré una mascarilla en el cabello, luego tomaré algo-. Se coloca de nuevo el delantal y se disponía a hornear.
Alice le miraba de reojo, su corazón ya empezaba a palpitar, pero por ahora era un secreto. Miraba su teléfono, con discreción, Bray le enviaba un mensaje diciéndole que esa noche le esperaba, cocinaría para ella.
La tía Merlina ingresaba en la pastelería para su acostumbrado café de la tarde, compraba un pan de brevas, uno de piña y el integral que nunca podía faltar, Merlina había quedado viuda a sus tres años de casada, era una eterna soñadora, en aquellos tres años fue realmente feliz con su esposo, un joven piloto. Por aquellas cosas de la vida un accidente había aéreo le había separado de su esposo.
Era la hermana menor de Alice, gozaba de una pensión cómoda, su hermosa casa que justo había remodelado, haciendo un departamento adicional que alquilaba y dos locales en la planta baja. Era de conocimiento de la familia que no tenía alguna situación económica precaria, ella sí que sabía disfrutar la vida, por lo que viajaba con frecuencia, cuanto grupo de solos y solas existiera allí estaba la buena tía Merlina, iba a clases de baile, natación, y demás actividades, mantenía su sentido del humor intacto ante las burlas de Alice, quien de tanto en tanto la mortificaba, sus cincuenta años estaban en todo su apogeo, pues era poseedora de una belleza característica de la familia, hermosos ojos, sonrisa carismática, junto a su personalidad arrolladora.
-Merlina…que gusto verte nuevamente, parece que esta rutina es lo habitual…aquí no tendrás muchas esperanzas de conocer un candidato a marido-.
-Alice querida y sarcástica…este es el mejor lugar para conocer chicos agradables, o caballeros de corbata con aspecto prolijo, un hermoso quijote y yo una peculiar dulcinea-. Reía con soltura.
-La realidad es dura a veces-.
- ¿Y quién lo dice? -.
-Yo, imagínate que parte de mis vivencias me enseñaron que es así-.
-Ah vaya, debes tener algún lio amoroso, para decir que la realidad es dura a veces…que tontería querida-. Tomaba su pan y se marchaba.
-Merlina vive en las nubes-.
-Mamá deja de criticarla, ella vive feliz, y yo ya me marcho…cuídate, y por favor deja todo organizado en tu puesto de trabajo…siempre tengo que llegar a limpiar-.
-Está bien, como digas-. Alice fruncía sus labios, se apresuró porque ella también tenía una cita.
Nora tocaba la bocina mientras bajaba el vidrio y abría la puerta para que su amiga subiera.
-Vámonos antes que mi madre recuerde algo-. El auto se giraba para tomar la vía, y Alice en el momento gritaba en la acera, algo le faltaba en el listado de las compras.
Pero por suerte para Nora y Nadia no le escucharon, solo decían adiós.
Bill ingresaba en casa con un paquete sorpresa para Corine.
-Cariño hoy fue un día maravilloso y esplendido, dormí muchas horas como hace tiempo no lo hacía-.
-Me alegra que descansaras, por eso traje un regalo que me encontré en el camino-.
-Que sorpresa tan especial-. Tomaba el paquete de manos de Bill. Lo habría con sumo cuidado, porque siempre guardaba las bolsas de regalo, tarjetas y notas que Bill le obsequiaba.
-Oh que hermoso reloj-.
-Estaba seguro que te gustaría, me gustó…tiene este hermoso fondo, para una mujer fiel amante de la luna-.
-Oh sí, es hermosa la luna-.
Bill le contaba sobre su día de trabajo, cuanto habían avanzado, pero ahora la charla giraba sobre Nadia.
-Iré a ver unos amigos, espero que Nadia me acompañe, son una pareja maravillosa-.
- ¿Y tienen algún hijo soltero? -.
-Si, pero no es por eso que deseo que me acompañe…no quiero ir solo, tu estarás en tu evento esta noche, así que mi hija será una buena compañía-.
- ¿Y de paso conocer el hijo? -.
-Estaría bien, pero conozco a Nadia…mi hija tomará su decisión de darse espacio para el amor cuando le llegue-.
Tomando el periódico leía las noticias mientras Corine estaba lista para que la maquilladora hiciera su trabajo.
-Estará listo el café en diez minutos y lo acompañaremos con unas tartaletas que hice-.
-El olor llega hasta aquí, por lo que puedo deducir que me chuparé los dedos-.
-Si, tienes toda la razón, están exquisitos, no soy tan buena como Nadia pero te gustarán….llegaré a las doce y media cariño, me vendré con mis amigas, una de ellas vive a dos manzanas de aquí, así que no te preocupes-.
-Eso entonces requiere una pequeña copa de vino-.
-Estoy de acuerdo cariño-.
-Le colocaré un mensaje a Nadia, espero su compañía, huele delicioso, por eso me encanta llegar a casa y cenar cada noche contigo-.
-Gracias cariño…-.
Corine se sumergía en el estilo de los colores que quería, el peinado, Bill en su periódico esperando el café, ocho y media pasaría por Nadia y su hermoso pastel para la ocasión.
Las chicas salían de la estética super relajadas después de aquella rutina de belleza. Nadia se despuntó el cabello, su corte en capas era realmente adecuado a su rostro.
-Nora…quiero tener la exclusiva de tu amorío con Akiro, y no me vengas con ese cuento que es solo una amistad-.
-Cariño…besos y abrazos, luego bajar luz… ¿Eso te dice algo? -.
- ¿Son novios acaso? ¿Ahora qué sigue?
-En realidad no seguiré nada, el en su mundo y yo en el mío-.
-Creo que te gusta, te trae de cabeza, pero tienes miedo de dejar la soltería eterna que tienes… por eso te pregunto que ahora después de haber apagado las luces… ¿Ahora qué pasará? -.
-No quiero en realidad sentirme atada, quiero hacer muchas cosas en mi campo de acción, estoy trabajando en el nuevo proyecto de la empresa, y no deseo verme truncada por una relación que quizás no pase más allá-.
-Eres una tonta completa-.
- ¿Y tú? ¿Con quién rayos estabas? -.
-Yo…sola como siempre y para variar-. Sabía que mentía, pero no pensaba contar nada del desconocido. Terminaba de beber su copa y se marchaba a casa -Tengo que ir a casa, nos vemos mañana-.
-Bien…recuerda que celebraremos el cumple de Moss, así que hazme el pastel, y trae tu presencia a la fiesta-.
-Vale…no lo olvidaré, ahora me tengo que ir, papá vendrá por mí a las ocho y media puntuales…debo estar arreglada para acompañarle, quizás exista la pequeña posibilidad que un solterón habite la casa y me haga compañía en una amena charla acalorada de como pasar tus días mirando como todos te buscan pareja, como te dicen.-.
-Te está dejando el tren-. La voz de las dos se unía casi que un coro. Se quedaron mirándose con gracia, para soltar una gran risa. Nora y ella de despedían.
Moss y su hermana era seguro que en algo andaban, últimamente le veía muy seguido por casa buscando a Grace, se permitía varios coqueteos con el chico, esperaba que fuera el definitivo. Siempre le presentaba alguien, pero a los días le decía que no volviera, su noviazgo estable y con intención de matrimonio fue hace unos años atrás.
Dany era un chico estudioso, guapo, excelente persona, solo que por cuestión de trabajo y estudios rompieron su compromiso, Dany se marchó a Londres, con la firme intención de regresar para casarse con ella, Grace se molestó tanto que le dijo adiós a su relación para siempre, eran solo dos años los que Dany estaría por fuera, pero no lo entendió y dando por terminado todo se encerró en ella misma.
Sabía que su hermana solo salía por bailar, pasar el rato con el grupo, y ya, después cuando notaba algún interés, se los presentaba, pero en cuestión de días o horas, les despedía.
Nadia conocía a su hermana perfectamente muy bien, era tan difícil cuando quería serlo, y era tan tierna cuando se lo proponía, con ella lo usaba para lograr algún dinero o regalo.