CAPÍTULO TRECE Oliver bombeaba sus piernas tan rápido como podía. Detrás, el ruido de los pasos de los canallas era cada vez más y más fuerte. Les estaban alcanzando, rápidamente. —¡Por aquí! —exclamó Oliver. Fue a toda prisa hacia un callejón. Ester y Ralph le siguieron. Las sombras los ocultaban pero Oliver aún podía ver el terrible aspecto de Ralph. No iba a poder correr mucho más tiempo. —¿Qué vamos a hacer? —gritó Ester desesperadamente. Oliver habló a toda prisa. —Tenemos que usar nuestros poderes para frenarlos. Para cerrarles el paso. Se agachó en una esquina, de cara a sus perseguidores. Estaban en el otro lado de la calle, a no más distancia de varios autobuses desde donde ellos estaban. Tragándose su miedo, Oliver concentró su mente en la realidad que quería crear y sacó

