La noche fue una mezcla de risas y conversaciones animadas. Amanda había elegido un restaurante de moda en el centro de la ciudad, y el ambiente era perfecto para una noche de celebración.
Emma se sentía un poco incómoda al principio, pero la presencia de Simón y la amabilidad de Amanda la hicieron sentirse más relajada. Tomás, por su parte, estaba en su elemento, contando historias y haciendo reír a todos.
Sin embargo, a medida que la noche avanzaba, Simón no podía evitar mirar a Emma. La forma en que se reía, la forma en que sus ojos brillaban... no podía apartar la mirada.
Tomás se dio cuenta de la mirada de Simón y comenzó a sentirse celoso. ¿Qué estaba pasando? ¿Simón estaba interesado en Emma?
"Simón, ¿qué te parece si vamos a tomar un trago en el bar?", preguntó Tomás, intentando sonar casual.
Simón se levantó, sonriendo. "Claro, Tomás. Me parece bien."
Emma y Amanda se miraron, y Amanda asintió. "Vamos, chicas. Vamos a dejar a los hombres que se diviertan."
En el bar, Tomás se acercó a Simón y le dijo en voz baja: "Simón, ¿qué estás haciendo? ¿No ves que Emma está aquí?"
Simón se dio vuelta, sorprendido. "¿Qué estás hablando, Tomás?"
Tomás se acercó más. "No te hagas el tonto, Simón. Te he visto mirándola toda la noche. ¿Estás interesado en ella?"
Simón se rió, intentando restarle importancia. "Tomás, no es lo que piensas. Solo estoy siendo amable."
Tomás no se convenció. "No te creas, Simón. Sé lo que he visto. Y no voy a dejar que te acerques a ella."
Simón se puso serio, su voz baja y firme. "Tomás, no te metas en esto. Emma es una persona, no un trofeo que puedas ganar."
Tomás se alejó, su mirada llena de celos. "No te creas que esto ha terminado, Simón."
Mientras tanto, Emma y Amanda se reían en la mesa, sin darse cuenta de la tensión que se estaba gestando en el bar.
"Chicas, ¿qué pasa?", preguntó Simón, acercándose a ellas con Tomás detrás.
Amanda sonrió. "Nada, Simón. Solo estábamos hablando de la noche."
Simón sonrió, su mirada encontrando la de Emma. "Genial. ¿Quieres bailar, Emma?"
Emma se sintió un poco sorprendida, pero asintió. "Claro, Simón."
Tomás se quedó atrás, su mirada llena de celos, mientras Simón y Emma se dirigían a la pista de baile.
La música era lenta y romántica, y Simón y Emma se movían al ritmo, sus cuerpos cerca, sus caras a centímetros de distancia. El aire estaba lleno de tensión, y Emma podía sentir el calor del cuerpo de Simón.
Simón la miraba a los ojos, su mirada intensa y llena de deseo. Emma se sentía atraída por él, su corazón latiendo con fuerza.
Se acercaron más, sus labios a punto de tocarse. Emma podía sentir el aliento de Simón en su piel, y se estremeció.
Pero justo cuando estaban a punto de besarse, Tomás apareció de la nada, sonriendo.
"¡Eh, pareja! ¿Qué pasa aquí?", dijo Tomás, su voz un poco demasiado alta.
Simón y Emma se separaron, sorprendidos. Emma se sintió un poco avergonzada, mientras que Simón parecía enfadado.
"Tomás, no es nada", dijo Simón, su voz firme.
Tomás se rió. "No te preocupes, Simón. No voy a interrumpir nada. Solo quería bailar con la hermosa Emma".
Tomás se acercó a Emma y la tomó de la mano, intentando sacarla a bailar. Emma se sintió un poco incómoda, pero no quería causar una escena.
"Lo siento, Simón", dijo Emma, sonriendo.
Simón asintió, su mirada llena de decepción. "No hay problema, Emma. Baila con él".
Emma se fue con Tomás, mientras Simón se quedaba solo, mirándolos con una mezcla de enfado y tristeza.
Amanda se acercó a Simón, sonriendo. "Simón, no te preocupes. Todavía hay esperanza".
Simón se rió, sacudiendo la cabeza. "No sé, Amanda. Creo que me he equivocado".
Amanda sonrió, su mirada llena de compasión. "No te rindas, Simón. La vida es demasiado corta para rendirse".
Simón asintió, su mirada volviendo a Emma y Tomás, que estaban bailando en la pista.
Emma se sentía incómoda con Tomás, pero no quería ser descortés. Así que siguió bailando con él, intentando mantener una conversación ligera. Sin embargo, Tomás parecía decidido a hacer que la noche fuera lo más incómoda posible.
"Emma, ¿no te parece que estamos destinados a estar juntos?", preguntó Tomás, su voz un poco demasiado alta.
Emma se rió, intentando restarle importancia. "Tomás, no empieces de nuevo. Ya te dije que no siento lo mismo".
Tomás se acercó más, su aliento en el cuello de Emma. "Vamos, Emma. Sé que todavía sientes algo por mí. No puedes negarlo".
Emma se sintió un poco asustada, pero justo cuando estaba a punto de decir algo, Amanda y Simón se unieron a ellos en la pista de baile.
"¡Hola, chicos! ¿Qué pasa?", dijo Amanda, sonriendo.
Tomás se apartó un poco, sonriendo. "Nada, Amanda. Solo estaba bailando con Emma".
Simón se acercó a Emma, su mirada llena de preocupación. "¿Estás bien, Emma?", preguntó en voz baja.
Emma asintió, sonriendo. "Sí, Simón. Gracias por preguntar".
Amanda y Simón se unieron al baile, y la tensión se disipó un poco. Emma se sintió aliviada de tener a Simón cerca, y comenzó a relajarse.
La noche siguió, con los cuatro bailando y riendo juntos. Emma se sentía cada vez más cómoda con Simón, y se dio cuenta de que estaba empezando a sentir algo por él.
Cuando la noche llegó a su fin, Simón se acercó a Emma y le preguntó: "¿Puedo acompañarte a casa?"
Emma sonrió, sintiendo un aleteo en el estómago. "Sí, Simón. Me gustaría".