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A la mañana siguiente, me enorgullecí porque no lloré, sabía que no tenía razón para hacerlo, solamente me enfocaría en mi carrera cuando fuera a la Universidad Internacional Capital (UIC) y me convirtiera en la ingeniera que siempre quise ser, puede que en algún momento de ese viaje llegaría la persona correcta, pero no sería mi prioridad. Cuando bajé las escaleras mi madre estaba en la encimera de la cocina revisando unos papeles, cuando advirtió mi presencia su rostro pareció iluminarse y dijo: - ¡A que no sabes! ¡Llegó una carta de la UIC! Me iba a dar un infarto, la respuesta de la universidad, ¿Me habían aceptado? Esperaba que sí, fui muy cuidadosa en mantener un buen promedio, mi mama cubriría las cuotas, rogaba para que por fin hubiera una luz que iluminara la turbulencia de tod

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