— ¡¿Se te olvidó con quién estás hablando?! —el grito de mi mamá resonó tan fuerte que sentí el suelo estremecerse bajo mi cuerpo, llevé una mano a mi cabeza, me había golpeado sobre mi oreja demasiado fuerte. Me levanté apoyándome de la pared y la miré fijamente intentando transmitirle mi odio, ¿como se atrevía a estar con otra persona cuando mi papá había muerto? Mi padre nos había entregado su vida, nos amó como el sacerdote Requena jamás lo haría. — ¿Te molesta que te diga la verdad? —dije intentando alzar mi voz, pero no la encontraba. — ¡Nada de lo que has dicho es verdad! —Refutó—, tú no eres así, deja de actuar como una rebelde. ¿Cómo una rebelde? Puede que ella estuviera acostumbrada a mi silencio y tranquilidad, su hija de la que todos se burlaban y la trataban como una perso

