Prólogo: Hasta que dejarte de amar dejó de doler

277 Words
Prometimos un para siempre, un amor sin límites, un sueño que creímos real. Pero el para siempre no siempre dura, y los sueños a veces se quiebran en la fragilidad de lo que somos. Contigo aprendí a ser yo, a amar sin miedo, a soltar sin culpa. Me enseñaste que la vida, aunque cruel, tiene destellos de belleza, motivos para sonreír, y fuerzas para resistir. Si estabas a mi lado, nada parecía imposible, ni siquiera las noches de insomnio, las pesadillas, las lágrimas silenciosas. Nos amamos como Romeo y Julieta, como Heathcliff y Catherine en su tormenta eterna, como Elizabeth y Darcy, entre malentendidos y esperanzas, como Florentino y Fermina, con una espera que parecía infinita. Pero a veces el amor no basta. Las heridas del pasado, los miedos no enfrentados, las palabras no dichas, se vuelven cadenas invisibles. Me prometiste un amor bonito, uno que valiera la pena, pero lo que no entendimos es que a veces, amar también significa dejar ir. Entonces dormí, como siempre lo hacía, pero esta vez el sueño fue distinto. El insomnio no llegó, me envolvió un sueño profundo, del que no quise despertar. Y en ese sueño, las preguntas que nos hicimos finalmente encontraron su voz. La última duda, la respondí al despertar: ¿Soñé hasta que dejaste de existir? Y si fue así… si todo fue un sueño, entonces en él aprendí que soltarte no fue olvidarte, fue recordarte sin romperme, fue amarte sin esperarte, fue despertar sabiendo que también soy luz, aunque tú ya no estés. Y así, con el corazón sangrando, con lágrimas en los ojos, y mis últimas fuerzas, fui capaz de decir: te dejo ir.
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