Sin mucho drama, arrojó su bolso de mano, el cual traía en su hombro a la cama. Una gran polvadera salió disparada, para cada lado. Ella hizo una mueca al darse cuenta que tendría que cambiar las cobijas o ponerlas a lavar. —M-me estoy muriendo de asfixia —comentó Leonardo... Entre una polvadera en una habitación. Ana se rió al verlo —Es que este lugar ha estado abandonado por mucho tiempo, hay que poner a lavar las cobijas y las sábanas —dijo Ana. —Pues sí, yo me arrojé de lleno en la cama, y casi me asfixio; además mira mi espalda... quedó blanca —dijo entonces Leonardo. Ana no pudo evitar reírse, y por instinto , fue y empezó a sacudir la espalda de Leonardo. —¡Duele, duele! —protestó el. Ana, abre los ojos , platos, había olvidado severamente que él tenía lastimada la espalda p

