Isaac leía una y otra vez la agenda, eran casi cincuenta contactos, todos con un jodido e-mail y al menos un maldito teléfono. Estaba cansado. Levantó la mirada y vio a Elijah leer el periódico mientras tomaba su café. ¿Él no tenía que trabajar acaso? Desde que había llegado, no había hecho nada que no fuera perder el tiempo, desayunar, charlar por teléfono, leer el periódico... mientras Isaac no había podido descansar ni un segundo.
Claro, a la gente millonaria le importaba una mierda trabajar, era opcional para ellos. Mientras, la clase baja, como Isaac, tenía que partirse el lomo por unos cuantos dólares. Bufó. Aquél gesto de cansancio llamó la atención de Elijah, que levantó la vista de su periódico para ver al chico.
—¿Acaso tienes algo que decir?
—No, no, para nada.
—¿Ya has terminado con eso?
—Aún no, jefe.
—Llámame Elijah, "jefe" suena a un chupa pollas.
—Joder — murmuró Isaac apenas siendo audible.
—Necesito que llames a Victoria y le preguntes a qué hora será nuestra cena de hoy por la noche.
—Enseguida — dijo Isaac, poniendo la agenda en la letra "V".
—¿Qué coño haces?
—Busco su número.
—¿Pero no lo has memorizado? Llevas horas con ello.
—¡No he podido hacerlo tan rápido!
—Quizás si hubieras llegado a tiempo, habrías podido memorizarlo antes.
—¡Llegué un minuto tarde!
—¡Un minuto que se te está pagando, coño! ¡Y a todo esto, ¿por qué coño te demoraste?! ¿Acaso te quedaste dormido?
—¡No, coño, tenía que dejar a mi niño en la guardería!
—¡¿Guardería?! ¿Qué acaso su madre no puede cuidarlo?
—¡No tengo esposa! — Gritó Isaac enfadado.
Elijah alzó las cejas sorprendido.
—Ostia, eres uno de esos... ¿padre soltero?
—Que sí, que sí, sólo somos yo y mi cachorro.
Elijah se detuvo un momento, parecía estar pensando algo, Isaac caminó al teléfono de la oficina, aún con la agenda en la mano.
—Ahora que lo pienso — dijo Elijah en un tono pensativo —, dijiste que tenías dieciocho y tu cachorro poco más de un año, ¿no? ¿Lo tuviste a los...?
—Dieciséis años, sí — respondió Isaac desinteresado, mientras averiguaba como usar un teléfono que no fuese un teléfono móvil.
Elijah lo miró de arriba a abajo. ¿Tener un bebé a los dieciséis años? ¡Qué puta irresponsabilidad! ¿Y en serio le estaba confiando el puesto de su asistente a alguien que no pudo controlar sus jodidas hormonas? Frunció el ceño.
Isaac llamó al número de la agenda y esperó apenas un segundo a que respondiera, ni siquiera pudo saludar cuando Victoria habló desde el otro lado del teléfono.
—¿Elijah? ¿Cuál es tu puto problema? Te dije que no me llamaras tan temprano.
—M-mi nombre es Isaac, soy e-el asistente de Elijah — tartamudeó.
—¡Joder! ¿Tan pronto consiguió un esclavo? Pensé que tardaría al menos un par de semanas, con lo puto quisquilloso que es. Felicidades por el nuevo trabajo, supongo, ¿por qué coño te pidió que me fastidiaras a esta hora?
—E-Elijah quiere saber a qué hora será la cena... de esta noche.
Victoria no respondió de inmediato.
—¿Qué? ¿Cómo que lo olvidó?
—Bueno...
—No puedo creerlo, medio año comprometidos y el cabrón no puede recordar la puta cena de... — Victoria pausó un segundo —. De nuestro jodido aniversario... ¿estás de coña?
—Es decir, yo...
—¡Voy a matarlo! ¡No puedo creerlo! ¡Estoy devastada!
—Yo... lo siento muchísimo — titubeó Isaac, Victoria comenzó a llorar desconsoladamente. Isaac miró a Elijah con pánico, el cabrón de nuevo leía su periódico como si nada más le importara. Entonces, de pronto, Victoria calló —. ¿Señorita Victoria...?
—Estoy de joda, hombre, yo tampoco lo recordaba — la mujer del otro lado se echo a reír.
—Joder, ¡qué susto!
—Dile que a las nueve estará bien, en el restaurante de siempre, yo hago la reservación.
—Vale, entendido, muchísimas gracias.
No tardó demasiado en colgar y de nuevo miró a su jefe.
—Esa es Victoria para ti — dijo Elijah con desinterés.
—Por un momento creí que iban a terminar o algo.
—Le gusta tomarle el pelo a los desconocidos, ya te acostumbrarás.
—Dijo que la cena es a las nueve, en el restaurante de siempre, ella hará la...
—La reservación, por supuesto. Ella sabe de esas cosas.
—¿No sabe hacer reservaciones?
—Coño, por supuesto que no, ¿para qué crees que te contraté? — Se rio el hombre. — Ahora —, con interés miró al castaño y apretó los labios un momento —, necesito más café, ¿qué te parece si vas por ello?
—Enseguida — respondió Isaac.