Eliana —De acuerdo—. Respondo taciturna. Isabella no tuvo que rogarme mucho para quedarme. Mis ojos se posan en Enzo, y mi corazón se acelera al verlo trabajando duro, sin camisa, bajo el sol. Observo detalladamente su cuerpo sudoroso, sus músculos tensos y definidos, y la fuerza en que se mueve con determinación, con destreza. Una oleada de calor me recorre y comienzo a abanicar mi rostro ardiente con mis manos al recordar esos firmes brazos rodearme en dos ocasiones consecutivas. Recorro su cuerpo sin ningún tipo de pudor hasta que recuerdo que no estoy sola y al girar mi rostro, me encuentro con los ojos de Isabella fijos en mí. Carraspeo al sentirme expuesta, no es apropiado dejarme llevar por estos sentimientos, especialmente con ella a mi lado, mirándome con mucho interés. Deten

