Después de esos besos… después de él, volví a casa con Laura. No dijimos ni una palabra en el coche. Ella conducía en silencio, y yo iba mirando por la ventana, con los labios aún hinchados y el cuello ardiendo por donde Michael me había mordido. No podía dejar de pensar en su cuerpo pegado al mío, en su lengua dentro de mi boca, en cómo me sujetó como si me necesitara. Dormí en casa de Laura, o al menos fingí dormir. En realidad, no pegué ojo. Me pasé la noche reviviendo cada maldito segundo con él. El beso, la pared, su voz ronca diciéndome que no tenía ni idea de lo que le hacía. Y yo… sintiéndome deseada de verdad, como no me había sentido en años, pero también me sentía estúpida. Pasó todo el fin de semana y no he contestado ni un solo mensaje suyo. No los he abierto. Solo he visto

