Estaba en la graduación junto a la señora Sara, mi corazón latiendo con fuerza mientras mirábamos a Michael. No podía dejar de sentirme orgullosa de él; todo el esfuerzo, las noches sin dormir, los sacrificios… verlo ahí, con su toga, era como presenciar un sueño hecho realidad. Le lancé un beso desde la distancia, sonriendo, y él me devolvió uno con la misma calidez de siempre. Por un instante, todo parecía perfecto. Pero entonces la vi. Una rubia de ojos verdes se acercaba a él, demasiado cerca, demasiado sonriente. Mi estómago se tensó, y no pude evitar fruncir el ceño. No estaba acostumbrada a sentir celos, pero verla allí, sonriendo y tocando su brazo mientras hablaba con él, despertó una punzada de inquietud que no sabía cómo ignorar. —Sara… —susurré, inclinándome hacia ella—. ¿El

