GRUÑIDO TRAICIONERO:

1790 Words
═══════ •☎️• ════════ —¿Es una broma? —cuestionó enarcando una oscura ceja, porque le parecía algo absurdo. —No, de hecho, ni siquiera me dieron una carta de recomendación. Fue un despido inmediato luego de que no aceptara firmar una amonestación por parte del gerente —apretó los dientes recordando su discusión con Martín. «¡¿Qué les pasa a los hombres últimamente?!», se dijo negando con la cabeza. Mientras que Farrell pensó en que debía tomar cartas en el asunto, si Ariel no le hubiera llamado en ese momento, quizás estuviese muerto. Todavía el auto estaba en manos de la policía, pues el seguro determinó que la falla mecánica en los frenos fue provocada. Había muchas cosas que no estaban muy claras, por eso Steve se encargó de contratar una agencia privada que investigara el caso. Esa misma semana esperaban algunas respuestas. —Son unos idiotas… —Eso está muy claro —Ariel dijo con un suspiro y de nuevo se puso la mano en la mejilla—, y ahora esto. —¿Qué piensas hacer? —Farrell verdaderamente estaba curioso. —La verdad no lo sé… supongo que buscar otra cosa. «O lanzarme de lleno a mi proyecto, que es lo que realmente quiero hacer». Solo Greta lo sabía, de hecho la ayudaba modelando la ropa para hacer algunas fotos para su catálogo de i********:. Muchas de las prendas que usaba las había confeccionado Ariel. Había conseguido vender algunas piezas por eso. En ese instante llegó la chica con la comida, todo olía espectacular. Ariel no sabía que estaba tan famélica hasta que vio los platos, apenas podía esperar para darle un bocado a su hamburguesa. —¡Gracias! —le dijo a la camarera que le regaló una sonrisa, era muy joven, le calculó unos diecinueve años. —Steve estuvo muchos días tratando de contactar contigo —Farrell le comentó de manera casual. «¡Uff, no me lo recuerdes que me siento estúpida por eso!», quiso decirle. —Lo sé —hizo una mueca—, recién nos vimos. De pronto, Ariel alzó la vista y lo observó. Aunque su rostro todavía estaba golpeado, en una ceja tenía dos apósitos, el brazo con el cabestrillo y usando un bastón. Todavía seguía siendo un hombre sexy y atractivo que jamás había visto. «¡Cielos, Ariel! ¡Compórtate!», se regañó. Tomó un sorbo de su cerveza, para que el líquido frío le refrescara un poco la sangre y las neuronas. Recordó en ese instante lo que había leído en las r************* acerca del día del accidente. Farrell iba de regreso a casa del sepelio de su madre. —Lamento su pérdida —manifestó en voz baja y mirándolo con comprensión, porque ella sabía de sobra lo que significaba perder a un ser querido. Farrell parpadeo un par de veces porque no se espera aquello, de hecho sintió que había cambiado el rumbo de la conversación de una forma drástica. —Las noticias dijeron que el día del accidente usted venía de regreso del cementerio —continuó ella y luego se encogió de hombros—, del entierro de su madre. —Sí, es cierto, y gracias por tus palabras —puso la mano sobre la suya, y luego le guiñó un ojo—. ¿Así que hiciste la tarea? De manera inmediata, Ariel se sonrojó como si fuera una adolescente y estuviera saliendo con el capitán del equipo de futbol del instituto. «¡Qué tonta soy!» —Bueno… —se aclaró la garganta— lo supe porque estaba en todas las noticias —lo miró con un poco de culpa—. Incluso hay imágenes de como quedó el vehículo calcinado, fue una suerte que pudo salir a tiempo. Farrell de nuevo le tomó la mano, y esa vez se la apretó un poco fuerte, y ella sintió que el calor comenzaba a recorrer su cuerpo. —Si no hubiera sido por tu llamada, no estuviéramos esta noche disfrutando de estas hamburguesas —le dio una sonrisa ladeada y se llevó una papita frita a la boca. —Hice lo que mejor que pude —Ariel abrió mucho los ojos y sin querer de manera espontánea, puso su otra mano encima de la de él—, no sabe lo impotente que me sentía al escucharlo y no estar ahí para ayudar —cerró los ojos recordando la angustia de Farrell en la llamada—. Créame cuando le digo que una parte de mí estaba en ese momento con usted. —Lo sé, lo sé —dijo dándole palmaditas por encima de su mano, y luego soltó una risita—, tenías mucha curiosidad de saber si tenía los dientes completos. «¡Oh, por Dios! ¡Nunca lo olvidará!», pensó. Se atragantó con una papita y comenzó a toser, enseguida Farrell estuvo a su lado dándole golpecitos en la espalda. —Disculpa, no fue mi intención —apenado, le dio la jarra de cerveza para que diera un trago—. Pero esa ha sido una pregunta que jamás me habían hecho. —No se preocupe, entiendo —inquirió después de haber tomado un trago de su bebida—, pensé que no lo recordaría. Farrell la miró estrechando los ojos, y ella sintió que la acariciaba. —Te equivocas —dijo él con tono grave—, aunque hay muchas cosas del momento del accidente que se me escapan, por más extraño que parezca… nuestra conversación telefónica no. —Me siento muy apenada… yo no debí hacer preguntas tan personales. —¿Cómo de mi situación sentimental? —preguntó divertido, miró a los lados—. Aunque daría mi vida por Steve, así como estoy seguro de que él lo haría por mí —se inclinó más hacia ella, logrando que Ariel hiciera lo mismo, antes de darle un bocado a su hamburguesa—. Te aseguro que no somos novios… y te reitero que tampoco tengo novia. Ella no esperaba que tuviera tan buena memoria, y comenzó ahogarse de nuevo. —¡Mujer, me estás asustando! —se burló de ella pasándole su jarra de cerveza, porque la suya ya la había terminado, no entendió el porqué era para necesario dejar claro que no estaba relacionado sentimentalmente con nadie. —Preguntar aquello fue una imprudencia de mi parte —recordó a la chica dando declaraciones—. Sin embargo, lo de la novia… —¿A qué te refieres? —Farrell frunció el ceño. —Hubo una chica que dio declaraciones —hizo como si no recordaba el nombre, pero por supuesto que lo hacía—. Creo que se llama Lucy Pupkin, estaba muy preocupada por usted. Los labios de Farrell se dibujaron en una línea recta. —Lucy es la sobrina de madre. —Su prima, entonces. Él dio una respiración profunda, no quería profundizar en el tema de su familia y mucho menos hablar de Lucy que últimamente lo estaba mosqueando. —Nuestro parentesco te lo contaré otro día y espero que no sea en otro accidente —le cortó. A pesar de que Farrell era imponente, Ariel se estaba sintiendo cómoda a su lado. Así que decidió continuar disfrutando de su comida. —Lo siento, si fui indiscreta. —Ya no pienses en eso, y menos en Lucy —se llevó un bocado de su hamburguesa a la boca y soltó un gruñido de satisfacción que Ariel se le erizó la piel—. De verdad me siento muy culpable por tu despido sin justificación. —No se preocupe, ya no tiene caso —se encogió de hombros. —Por eso he decidido a darte una bonificación —le informó él con un tono de voz firme, y cuando vio la intención de ella de decir algo, le hizo gesto con la mano—. Es lo menos que te mereces por salvarme la vida, tómalo como una indemnización de mi parte. De manera inmediata, Ariel comenzó a ahogarse con la comida. Farrell le acercó de nuevo la bebida, un poco asombrado por sus reacciones. —¡Vaya, por Dios! Ahora tengo miedo de hablar, siento que saldré de aquí contigo directo a urgencias —se burlaba de ella. —¡Definitivamente, no! —exclamó indignada cuando pudo articular palabra, y lo dijo tan alto que algunos comensales la miraron con el ceño fruncido—. Yo no lo hice esperando alguna retribución de su parte, pensé que se lo había dejado claro a Steve. —Ya lo sé —se llevó a la boca una papa frita—, pero necesitas el dinero y esa es mi forma de darte las gracias —se encogió de hombros—. No entiendo que hay de malo en eso para que digas que no. —Porque no soy una interesada, señor O’Donnell —Ariel marcó la diferencia entre ellos de manera inmediata. —Ariel… —él iba a usar sus dotes de persuasión—. No puedes entender lo mucho que te debo, ¿cierto? —Pero… señor… —¡Basta! —le dio un suave golpe a la mesa—. Creo que ya nos saltamos los protocolos, para que nos llamemos por nuestros nombres. Ariel estaba enmudecida por aquella situación. Se imaginó a Greta, gritándole en el oído que era una tonta por no aceptar. Pero aunque lo necesitaba, no podía hacerlo. Porque después de esa noche no lo volvería a ver. No quería que tuviera un gesto amable con ella, eso quedaría grabado en su memoria. Cuando él se recuperara, volvería a ser el mismo de siempre. Quizás ni siquiera la recordaría, y eso la haría sentir horrible. —¡Por favor! —susurró ella—. La gente nos está mirando. —¿Entonces me llamarás por mi nombre? —preguntó Farrell en voz baja también, y robándole una papita frita de su plato, porque ya él había acabado con su comida. —Está bien… —miró a los lados nerviosos—. Lo haré… —Di mi nombre… —¿Es necesario en este momento? —Ariel cuestionó asombrada. —Por supuesto que lo es, hazlo —le guiñó un ojo—. Qué mejor momento que ahora que estamos disfrutando de estas deliciosas hamburguesas. —Fa-rrell —articuló ella con timidez— ¿Contento? —Sí —contestó entrecerrando los ojos hacia ella—. Pero tenemos un trato, donde sea, cuando sea, y sin importar con quién estemos deberás llamarme por mi nombre —la miró serio—. Es un trato entre nosotros. —De acuerdo… No le quedó de otra que acceder, algo le decía que de aquello no saldría nada bueno.
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