Un diente, una televisión y una verdad. Parte 3. Pov Murphy Despierto en los brazos de mi gatito, pero estamos en el auto, vamos rumbo a no sé dónde porque no reconozco el camino. Lo miro y tiene sus ojitos cerrados. Debo confesar que, desde que me confesó su amor y que quería estar conmigo, yo decidí que debía dejar todo mi orgullo. No sabía cuánto tiempo podría quedarnos, como dice mi abuela, la vida te da, día con día, una nueva oportunidad para vivirla como quieres. Y desde que supe que somos de verdad, sé que hice lo correcto. El estar con él es sin duda lo mejor en este puto mundo. —¿Qué piensas, mi pequeña ratoncita? —Me pregunta de sorpresa asustándome, yo solo le cuento en qué pienso, él me besa hasta que uno de los chicos nos indica que llegamos el bajo y me tiende la mano.

