Empecé el día con aquel traje n***o que me oprimía, aunque en el fondo me reconfortaba. La noche anterior con Rowan había sido intensa, ardiente, y aún sentía el eco de su cuerpo contra el mío. Estaba convencido de que ahora era mío, de que esa conexión en su habitación lo había cambiado todo. Sin embargo, desde entonces no habíamos cruzado palabra. Me ignoraba deliberadamente, y eso me quemaba por dentro.
Entré al auto de Robert. Rowan se sentó a mi lado; nuestros brazos se rozaron apenas, y un escalofrío me recorrió la piel. Recordé cómo sus labios habían mordido los míos, cómo sus manos habían explorado cada curva con urgencia, cómo sus gemidos bajos habían llenado la habitación. Parecía un sueño lejano, porque en esta realidad solo había silencio y distancia. Quería gritarle: ¿por qué juegas conmigo? ¿Lo disfrutaste tanto como yo? Pero no podía. Íbamos camino al funeral de su mejor amigo... el que yo había matado.
Un recuerdo antiguo irrumpió: yo a los ocho años, llorando en el jardín con la rodilla sangrando tras caerme de la bicicleta. Rowan apareció con una venda, la colocó con cuidado cálido sobre la herida.
—Es solo un raspón. Estarás bien. Yo cuidaré de ti —me dijo, y dejé de llorar al instante.
Volví al presente con un nudo en el pecho. Todo había cambiado desde que Jack entró en su vida. Recordaba el día que llegaron a casa: intenté acercarme, pero me ignoraron. Rowan me reemplazó por Jack; se volvieron inseparables. Luego llegó Emma, y la distancia se hizo abismo. En los pasillos del colegio o de la casa, ni un saludo. Me convertí en un fantasma. Pero anoche... anoche su piel había estado sobre la mía, y por fin lo tuve. Aunque Emma seguía viva, y tristemente era su novia.
Al llegar a la iglesia, Emma esperaba afuera. Al ver a Rowan, lo abrazó y le dio un beso en los labios. Apreté la mandíbula, conteniendo la rabia. Sonreí para disimular y entramos. Rowan y Emma se sentaron adelante; yo, con mamá y Robert. Durante la misa observé a la madre de Jack, destrozada. Yo había causado eso. Pero Jack era un cretino; merecía lo que le pasó. Ahora todos hablaban maravillas de él. Pero mi mente no podía olvidar aquella vez en los pasillos: me empujó solo por mirarlo, aunque en realidad mis ojos estaban en Rowan. Se detuvo porque Rowan se lo pidió. 'Me llamó maricón'.
Al terminar la misa salí a tomar aire; sentía que los pulmones se me cerraban. Miré el cielo, las aves volando libres. Entonces apareció el detective Owen Gallagher frente a Rowan. Robert se acercó rápido; mamá y yo lo seguimos.
—En unos días tendrá que acompañarnos de nuevo a la comisaría, Rowan Sawyer. Algunas cosas no cuadran. Hemos interrogado a varios que estuvieron esa noche, y los hechos apuntan a algo distinto de lo que declaró.
—Con gusto los acompaño. No oculto nada. Como les dije y repetiré: estaba en la cabaña con mi novia. Salí a orinar y encontré su cadáver.
—Es extraño. El cuerpo estaba bastante alejado de la cabaña. Algunos mencionaron haber oído un grito. ¿No lo escuchó?
—¿Qué está insinuando, detective? —interrumpió Robert.
—No insinúo nada. Somos los buenos —respondió Gallagher con una sonrisa fría, antes de despedirse.