Capítulo 15: Cierra la puta boca

1187 Words
Los rayos del sol se colaron por la ventana. Abrí los ojos lentamente, sintiendo un ardor. Resaca, seguramente. La cabeza me palpitaba. Rowan no estaba en la cama. Busqué unos boxers y me los puse. Dios, qué noche más loca habíamos pasado... quizás demasiado. Al bajar las escaleras, lo vi sentado en el sofá. Tenía lágrimas en los ojos. —¿Qué pasa? —pregunté. —Emma está muerta. Su padre la mató anoche. —Diablos —solté, esforzándome por parecer sorprendido—. Bueno, mira el lado bueno: ya no podrá delatarnos. Rowan se giró de golpe, clavándome una mirada asesina, aunque aquí el único asesino era yo. —No puedo creer lo que oigo... estás demente. Murió de una forma horrible. Yo podría haber hecho algo, pero fui un cobarde y me quedé aquí. Si la hubiera seguido, tal vez estaría viva. O si hubiera hablado antes con la policía sobre los abusos... —Tranquilo, no es tu culpa que su padre fuera un borracho y un maltratador. Extendí la mano para tocar su hombro, pero me la apartó de un manotazo. —¡Cierra la puta boca, estúpido! —gritó, empujándome violentamente contra la pared. Se abalanzó sobre mí y me soltó un puñetazo directo a la cara. La nariz me empezó a sangrar al instante. Las lágrimas me quemaban los ojos y tenía un nudo en la garganta. —Era una perra que se lo merecía —espeté—. No entiendo por qué tanto drama. ¿Acaso todavía la amas? Descargó otro golpe, pero esta vez fue contra la pared, a escasos centímetros de mi cara. Podía ver el odio puro en sus ojos. —Eres un maldito demente. Jack tenía razón y nunca quise creerlo, pero ahora veo lo que eres realmente. —Lo siento, Rowan... te enamoraste de un enfermo mental —susurré, intentando mantener la dignidad aunque me temblaban piernas y manos, sintiendo que iba a desmayarme. —Mejor me largo, no soporto verte la cara —escupió, y salió dando un portazo. En cuanto se fue, suspiré hondo y mis rodillas cedieron. Me dejé caer al suelo y las lágrimas brotaron sin control. Empecé a golpear el suelo con los puños hasta que mis nudillos sangraron. Entonces, el móvil comenzó a sonar. Lo tomé: era mamá. —Hola, mamá —contesté lo más calmado que pude. —Me acabo de enterar, qué horrible suceso. ¿Cómo se encuentra Rowan? —Lo veo bastante mal, no tomó bien la noticia. Espero y pronto reaccione. —¿Tu voz se escucha rara, estás llorando? ¿Estás bien? —Estoy bien, mamá, solo estoy procesando la situación. —Regresaremos, posiblemente lleguemos por la noche. Luke, recuerda que hoy tienes cita con la psicóloga. —Sí, lo sé —gruñí. —No faltes, es importante. Nos vemos en la noche. Más tarde ese día, entré al consultorio. Rowan no había regresado a casa; habían pasado casi cuatro horas. Me dolía en el alma pensar que me estaba odiando. Incluso muerta, esa perra no me dejaba en paz. La doctora Sarah Mitchell ya me estaba esperando y me indicó que tomara asiento. Me sentía ridículo. ¿Cómo iba a contarle mi situación si era solo alguien contratada por mi madre? Si le confesaba lo de Rowan, o incluso que había matado a Jack y a Emma, me diagnosticaría como todos los demás: como un demente. Pero yo no estaba loco, simplemente hice lo que tenía que hacer. Me quedé sentado mirando el reloj durante unos veinte minutos, hasta que por fin ella habló, rompiendo el silencio. —Luke, llevas veinte minutos mirando el reloj. Si permaneces en silencio, yo solo puedo interpretar lo que veo. Preferiría escucharlo de ti. —No hay mucho que decir. —A veces “no hay mucho que decir” significa “no sé por dónde empezar”. —O significa que no necesito estar aquí. —También es una posibilidad. Entonces dime, ¿por qué crees que te trajeron? —Porque exageran todo. Lo de mis venas fue un accidente, pero a mi madre le encanta dramatizar. Y los demás ya decidieron que estoy mal de la cabeza. —¿Quiénes son “los demás”? —Compañeros del instituto. —¿Y eso no te afecta? —No. —Respondiste muy rápido. —Porque es verdad. —Las cosas que no importan rara vez se defienden con tanta prisa. —Hubo alguien en particular que iniciara esos comentarios, ¿cierto? —Jack. —Lo dijiste sin dudar. —Porque era un idiota. —Parece que tuvo peso en tu vida. —No lo tenía. —Sin embargo, recuerdas su nombre antes que el de todos los demás. —No me importaba lo que dijera. Me importaba que Rowan no hiciera nada. —Entiendo. Entonces no era Jack el centro del problema. —No. —Era Rowan. —Rowan debió defenderme. —¿Porque son cercanos? —Sí... bueno, un tiempo cambió su comportamiento conmigo. —¿Qué cambió? —Se alejó. Empezó a tratarme como si me odiara. Me ignoraba. —¿Eso te dolió? —Me confundió. —A veces usamos “confusión” cuando en realidad hablamos de dolor. —Usted acomoda las palabras como quiere. —No. Intento encontrar las que tú evitas. —¿Desde cuándo conoces a Rowan? —Desde que mi madre conoció a su padre. El día que lo miré entrar en casa, cuando mamá nos presentó... todo fue perfecto. La conexión entre ambos fue increíble. —Entonces es tu hermanastro. —Es mi hermano!!! —Explícame la diferencia. —No lo entendería. —Inténtalo. —Nuestra conexión es especial. Es todo. Ella anotó algo en su libreta y luego levantó la vista. —Mira, Luke, por lo que entiendo de la situación, es que has desarrollado una especie de obsesión hacia tu hermanastro, aunque todavía no logro comprender del todo el origen. ¿Podrías decirme si mantienes algún tipo de comunicación con tu padre? —No lo conozco. Se marchó cuando yo era muy pequeño y, desde entonces, mi madre se ha hecho cargo de mí. —¿Y cómo es tu relación con ella? —Es... buena. Apenas hablamos. Ella siempre está muy ocupada y prefiero no molestarla. Volvió a escribir unas líneas antes de continuar. —Luke, esa conexión tan fuerte que sientes con Rowan se debe, probablemente, a que él fue quien realmente te dio la atención y el afecto que necesitabas. Por eso te has obsesionado. Pero tu vida no puede girar únicamente en torno a él. Rowan tiene su propia existencia, sus amigos y sus propios intereses. Eres su familia y siempre lo serás, pero llegará un momento en el que sus caminos tomen rumbos diferentes; él formará su propia familia y tú también tendrás la tuya. En ese instante, la sesión terminó. Me levanté de un jalón y salí casi corriendo del consultorio. Ella es una mentirosa, pensé furioso. Rowan jamás me dejaría, no se lo permitiría. Él es mío y yo soy de él. Nadie, absolutamente nadie, podrá separarnos.
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