Me miré al espejo, tratando de controlar ese miedo que crecía dentro de mí; estaba a punto de ir a la cárcel, o al menos eso parecía. Había perdido a Rowan… o eso creía. Él se encontraba en la habitación contigua; pegué mi oído a la pared, intentando escuchar algo, pero reinaba un silencio abrumador.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza, mis manos sudaban y no dejaba de dar vueltas entre aquellas cuatro paredes que empezaban a asfixiarme. Apenas habían pasado unas horas, pero sentía que este lugar me estaba matando. Necesitaba salir, correr, irme lejos, a un sitio donde nadie me conociera y poder empezar de nuevo, sin cometer tantos errores. Ahora comprendía perfectamente que lo que había hecho fue terrible, justo cuando las consecuencias de mis actos estaban por alcanzarme.
Entonces, dos golpes secos en la puerta me trajeron de golpe a la realidad. Hailey entró en mi habitación; corrí a abrazarla, era mi única compañía y sabía que jamás me abandonaría.
—¿Cómo estás? —preguntó, con suavidad.
Suspiré profundamente—Todo… está terrible. No podré regresar al colegio.
Hailey se sentó en el borde de la cama y acarició mi cabello.
—Es mejor así, ¿sabes? Ahora mismo… los rumores de que asesinaste a Jack son imparables en todo el instituto.
—Todos creen que fui yo… —murmuré, sintiendo un nudo en la garganta—. Todos me odian.
Ella tomó mi mano entre las suyas, apretándola.
—Tranquilo. Cuando todo esto termine… iremos por un café, ¿vale?
—Ya ni eso puedo hacer —le dije, con desesperación—. Han pasado horas, y yo aquí, encerrado… parecieran años.
—Todo lo que pasa afuera está muy intenso. De hecho, tengo prohibido venir… pero sabes que me escapo. Jamas te dejaría solo —aseguró con firmeza.
Las lágrimas asomaron a mis ojos y rodaron por mis mejillas sin poder evitarlo.
—Hay tantas cosas que quiero contarte… —mi voz se quebró—. Empezando por que… me rompieron el corazón. Estoy que muero. Jamás pensé que este sentimiento fuera tan doloroso.
—¡¿Jamas me contaste que tenías novio?! —bufó Hailey, totalmente sorprendida.
Sonreí con tristeza, mirando al suelo.
—Era un secreto… Fue algo que surgió de la nada y que me encantó. Lo amaba… bueno, en realidad, lo amo.
—¿Quién es? —preguntó de inmediato, llena de curiosidad.
—Rowan… —contesté, cerrando los ojos al decir su nombre.
Hailey saltó de la cama, boquiabierta.
—¡No me lo creo! ¿Rowan?… ¿Tu hermanastro? ¡Si es súper atractivo!
—Sí… sí… ¡baja la voz! —le pedí, nervioso—. Podrían escucharte.
—¿Cuándo comenzó todo? —insistió, bajando el tono pero sin perder el entusiasmo.
—Hace poco. Solamente que… era algo secreto entre él y yo. Pero todo terminó… creo que me odia.
—Pero… ¡si él estaba con Emma! —recordó ella, confundida.
—Sí, pero… a mí me prefería. Lo de ella, simplemente, era para aparentar ante los demás —expliqué, encogiéndome de hombros.
—Ya… ya entiendo —dijo, soltando un suspiro largo. Luego, cambió de tema con naturalidad—: Sabes… Alden me ha preguntado por ti.
—Lo vi esta mañana, pero… es muy extraño que de pronto sea amable conmigo —comenté, frunciendo un poco el ceño.
—Ahora que lo mencionas… a mí también me pareció extraño —reflexionó, y luego sonrió con picardía—. ¿Será que le gustas?
Rodé los ojos, incapaz de creerlo.
—¡Por Dios, no digas tonterías! ¿Yo gustarle a Alden?… ¡si es totalmente heterosexual!
—Hasta donde yo sabía, Rowan era heterosexual… y mira —respondió ella, encogiéndose de hombros con total calma—. Qué envidia, ¿eh? Estuviste con Rowan y ahora Alden está interesado en ti.
Sonreí, logrando cambiar un poco el aire triste de la habitación.
—Tú tampoco te quedas atrás, eh. Tu novio… aunque no me caiga bien, es bastante guapo.
—Eso… aunque me hace sentir muy insegura —admitió, bajando la mirada, vulnerable—. Siento que cualquier día puede llegar una chica bonita y él me abandonará.
Tomé su mano; su mirada estaba perdida, sumida en sus pensamientos. Conocía esa sensación a la perfección: el sentirse insuficiente.
—Te entiendo, Hailey… y mucho —le dije con empatía.
Ella se limpió las lágrimas rápidamente y sacó su teléfono del bolso.
—Mira… Alden me pasó su número. Me pidió que te lo pasara y que le enviaras un mensaje.
—¿Y por qué haría eso? —respondí, confundido por la repentina atención.
Hailey tomó mi celular, agregó el nuevo contacto y me lo entregó.
—Por si cambias de opinión —dijo, tomando su mochila para irse—. Tengo que llegar a casa, así que… después nos vemos, ¿de acuerdo?
La vi salir de la habitación. En cuanto quedé solo, me tiré sobre el colchón y me quedé mirando el nombre de Alden en mi pantalla; todo esto era tan repentino… Dejé caer el teléfono a un lado y cubrí mi rostro con las manos, dejando salir todo lo que llevaba dentro.
Cuatro paredes son todo lo que veo,
muros que me encierran sin compasión,
y aunque aquí dentro se siente el silencio,
late con fuerza mi pobre corazón.
Las luces, tan frías, se posan tranquilas,
sobre mi lecho donde estoy tendido.
Quiero salir de este lugar…
donde el aire se siente tan extraño,
quiero despertar lejos de aquí…
en un mundo nuevo, en un nuevo año.
Quiero sanar mi corazón…
que ha roto en pedazos tanta decepción,
y arrancar de raíz, de mi pecho y mi alma,
este dolor.