El fin de semana llegó, pero los nervios seguían consumiéndome. La situación con la policía no me daba tregua: seguía sin saber qué tenían en mi contra ni quién era el supuesto testigo. Hailey hacía todo lo posible por averiguar algo a través de su padre, pero hasta el momento no había conseguido ninguna información.
Me preparaba para la fiesta que Rowan había organizado en casa. Robert y mi madre habían salido de la ciudad y no regresarían hasta el domingo. El sol ya se había ocultado por completo cuando salí de mi habitación. Algunos chicos, a los que solo conocía de vista por los pasillos del instituto, ya ocupaban la sala. Rowan reía en medio del grupo, probablemente por uno de los chistes tontos de Emma, quien permanecía a su lado. Apreté los puños y los ignoré. Ella podía tenerlo en público, pero por las noches él era mío. Entre nosotros existía algo intenso, una pasión y un deseo que ella jamás podría igualar.
En una esquina reconocí de inmediato a Alden Cross. Su cabello rubio y aquellos ojos verdes lo hacían imposible de pasar por alto. No era tan cercano a Rowan, pero los había visto conversar varias veces en el instituto. Por un momento creí que formaría parte de su círculo cercano, pero al final Rowan se había quedado solo con Jack y Emma.
Sentí su mirada clavada en mí. Era extraño; nunca había imaginado que alguien como él me notara. Lo observé un segundo y él desvió la vista rápidamente. Para la mayoría de los presentes yo era el demente del que hablaba Jack. Sin embargo, eso no me impediría disfrutar de la noche. Si querían verme como el fenómeno que había matado a ese idiota, que lo hicieran. Quería gritarles la verdad a todas esas idiotas y ver sus caras.
En ese momento Hailey entró por la puerta principal. Sentí un alivio inmediato: por fin alguien conocido. Pero detrás de ella apareció Elliot, el chico de la aplicación. ¿Qué demonios hacía él aquí? Antes de que pudiera procesarlo, me di cuenta de que Hailey venía tomada de la mano de un chico de cabello oscuro y ojos marrones.
—Te presento a Cassian Rowe, mi novio —dijo Hailey con una sonrisa.
Sonreí, intentando disimular los nervios que me provocaba tener a Elliot frente a mí.
—Mucho gusto —respondí.
—Hailey me ha hablado bastante de ti, Luke —intervino Cassian. Era innegablemente guapo; jamás imaginé que mi mejor amiga tuviera un novio tan atractivo—. Espero que no te moleste que haya invitado a mi mejor amigo.
—No, claro que no. En un lugar lleno de gente que no conozco, ver caras conocidas es un gran alivio.
Cassian frunció el ceño.
—¿Conocidas?
—Es el chico de la aplicación del que te hablé —aclaró Elliot.
—Oh, por Dios, no puedo creer que no haya reconocido tu rostro. ¡Fui yo quien te dio el visto bueno! —exclamó Hailey.
Elliot se sonrojó ligeramente.
—Bueno, te dejo bien acompañado —dijo, y se apartó.
Cassian y Hailey se alejaron, dejándonos solos. Sentí cómo mis mejillas se encendían.
—¿Hice algo mal? —preguntó Elliot con suavidad.
—Claro que no. ¿Por qué lo preguntas?
—Te fuiste aquella noche y nunca volviste a contestar mis mensajes.
—Perdona… No estoy acostumbrado a salir con chicos. Aquí, frente a todos, simplemente me siento raro.
Elliot tomó mis manos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo; era la misma sensación que solo había experimentado con Rowan.
—Pues están jodidos, porque eres hermoso.
Bajé la mirada, incapaz de sostener la suya. Él tomó mi barbilla con delicadeza, levantó mi rostro y, frente a todos, me besó. Sentí las miradas clavadas sobre nosotros. Era algo nuevo para mí. Rowan jamás me besaría en público, y esa era precisamente la parte que más me dolía: yo solo quería algo normal.
Me tomó de la mano y me llevó al centro de la sala. Comenzamos a bailar al ritmo de la música. Lo abracé y sentí mariposas en el estómago. Nunca antes había sido invitado a una fiesta, y mucho menos me había sentido como un chico normal. En ese instante, Rowan dejó de importarme. Si Elliot podía ofrecerme una relación sin tantas complicaciones, tal vez debería quedarme con él.
Podía sentir la mirada de Rowan sobre nosotros, cargada de celos. Era exactamente lo mismo que yo sentía cada vez que lo veía con Emma. Seguimos bailando un rato más.
De pronto, una voz cortante rompió la burbuja.
—Pareces una princesa de cuento de hadas, con su príncipe y todo perfecto… pero cuando el reloj marque la medianoche, él verá el monstruo que eres —soltó Jack, plantándose frente a nosotros con los brazos cruzados y una sonrisa torcida.
—Solo esfúmate —murmuré, sin soltar la mano de Elliot.
—¿Crees que seguirá queriendo estar contigo cuando descubra que asesinaste a alguien? —continuó Jack, bajando la voz lo suficiente.
—No tiene por qué saberlo —respondí, intentando mantener la calma.
—Aunque no me guste Rowan, es el único que te puede aguantar aunque estés enfermo de la cabeza. Porque son tal para cual.
—Él está con Emma —repliqué, sintiendo cómo la frustración crecía—. Yo intento buscar algo real, no simplemente ser un objeto s****l.
Jack rio, una risa baja y burlona que se curvó en sus labios.
—Luke, eso es exactamente lo que eres: solo un objeto s****l. No sirves para otra cosa.
Quise replicar, gritarle que claro que servía para más, que mi vida no se reducía a eso. Que Elliot podía ser la clave para construir algo real, una vida normal que tanto necesitaba en este momento. Pero las palabras se atoraron en mi garganta.
tomé de la mano a Elliot y lo llevé al piso de arriba, directamente a mi habitación.
—Ahora regreso —le dije.
Me dirigí al cuarto de Rowan en busca de condones. Al pasar por el baño, escuché voces. La puerta estaba entreabierta.
—Te juro que no me di cuenta —decía Hailey con la voz quebrada por las lágrimas.
Cassian la tenía sujeta del brazo contra la pared, apretando con fuerza. Quise entrar, pero algo me detuvo.
—Eres una zorra como todas las demás —gritó él.
Mi corazón latió con violencia. Era mi mejor amiga; tenía que intervenir. Pero entonces escuché la respuesta de Hailey:
—Si lo sé, perdóname. Es mi culpa, no quiero que te enojes conmigo.
Rodé los ojos, incrédulo. No podía creer que Hailey estuviera pidiendo perdón a alguien que la estaba agrediendo. Retrocedí en silencio y regresé a mi habitación.
—¿Estás bien? —preguntó Elliot al verme entrar.
—Creo que tu amigo no es bueno para mi amiga. Disculpa que lo diga, pero acabo de ver que la estaba agrediendo. No sé qué hacer.
—No es asunto nuestro. Ellos deben arreglarlo.
Fruncí el ceño. ¿De verdad debía quedarme con los brazos cruzados? Elliot se acercó, me besó y comenzó a quitarme la camisa. Sin embargo, mi mente no estaba del todo allí.
—Quítale las manos de encima, imbécil —interrumpió Rowan de pronto.
—¿Quién diablos eres tú, idiota? —respondió Elliot.
—Su hermano. Luke, abróchate la camisa. Y tú, lárgate ahora.
Intenté hablar, pero Rowan ya había tomado a Elliot por el brazo y lo sacaba a empujones de la habitación.
—¡Deja de actuar como un idiota! —grité.
Rowan se acercó rápidamente y me arrinconó contra la pared. Puso una mano sobre mi cintura y pegó su cuerpo al mío.
—No puedo creer que estabas a punto de acostarte con ese idiota —dijo con voz ronca. Con la otra mano me tomó del cabello—. Eres mío, ¿me escuchaste?
Su mirada era tan intensa que intenté bajar la vista, pero él me empujó con más fuerza contra la pared y jaló mi cabello para que volviera a mirarlo. Con la mano libre deslizó los dedos dentro de mi pantalón.
—Y yo tengo que aguantarme verte con Emma todo el tiempo. Porque se supone que también eres mío y eso no parece.
Tomó mi mano y la colocó sobre sus pantalones, justo sobre su m*****o.
—Soy tuyo. Solamente tuyo.
—¡Asquerosos! —gritó Emma al entrar en la habitación.
Rowan se apartó de mí de inmediato e intentó tomar a Emma de la mano, pero ella lo empujó.
—No es lo que estás pensando —dijo él.
—Lo escuché todo y créanme: todos se van a enterar de lo asquerosos que son —respondió ella antes de salir de la habitación.
Rowan salió detrás de ella.
Me dejé caer al suelo y abracé mis rodillas. Posiblemente esto era el final. Si mi madre y Robert se enteraban, enviarían a Rowan lejos… o a mí. Tal vez a un internado. No podía permitirlo.
Abrí el armario, saqué los guantes que había preparado para ese momento —nunca creí que realmente los usaría— y metí un cuchillo en la nueva mochila. Esa noche terminaría con la existencia de Emma. Estaba decidido.