Elliot Harper dejó un tazón de palomitas recién hechas sobre la mesa. El aroma a mantequilla me llegó de inmediato. Sonreí mientras él se acomodaba a mi lado.
—¿Qué te gustaría ver? —preguntó.
No pude evitar notar el bulto evidente bajo sus pantalones. Era imposible no verlo. Tragué saliva.
—No sé... tal vez algo de terror.
—Algo de romance estaría mejor, ¿no crees? —interrumpió él con una media sonrisa.
Las películas románticas nunca habían sido lo mío. Las soportaba, pero me irritaban esas protagonistas ingenuas que se enamoraban perdidamente de chicos malos, tan distintos a ellas. Nadie se creía su papel de «inocentes puras». O tal vez las odiaba porque, en el fondo, sabía que yo jamás tendría algo así. En el colegio era imposible encontrar a alguien: Jack había esparcido el rumor de que yo era un psicópata. Absurdo, pero efectivo.
Elliot colocó su mano sobre la mía. Sentí el mismo cosquilleo que había experimentado con Rowan cuando sus dedos rozaron mi piel. Noté que él también estaba nervioso: retiró la mano casi de inmediato. Pero yo ya no podía contenerme. Quería besarlo. Deslicé mi mano hacia su mejilla. Nos miramos unos segundos y luego nos lanzamos el uno sobre el otro.
Su boca sabía a uva. Sus manos comenzaron a recorrerme mientras yo acariciaba su erección por encima de la tela. Realmente era impresionante.
Le quité la playera y pasé las manos por su abdomen marcado. Eso me encendió aún más. Bajé con cuidado, desabroché su pantalón con rapidez y liberé su m*****o. Lo tomé en mi boca. Él enredó los dedos en mi cabello. De pronto me levantó con brusquedad, me giró y entró en mí de un solo movimiento. Me empujaba con fuerza; yo gemía sin control. La intensidad aumentó hasta que se corrió dentro de mí.
Me aparté jadeando y subí mis pantalones.
—Me encantó. Eres tan lindo —dijo él con una sonrisa satisfecha.
—A mí también.
—Dime que volveré a verte.
—Claro... —respondí, aunque una parte de mí ya empezaba a arrepentirse—. Aunque quisiera saber qué está pasando entre nosotros.
—Somos amigos, la pasamos bien. Eso es todo. Y puede repetirse las veces que queramos.
Sentí un pinchazo en el pecho. Amigos. Los amigos no se besaban así, ni follaban de esa forma. Forcé una sonrisa y me puse de pie.
—Tengo que irme.
—Te llevo.
—No es necesario. Gracias por esta noche.
Cerré la puerta con más fuerza de la necesaria. Las calles estaban oscuras, pero caminé rápido sin importarme. No sabía si sentía humillación, alivio o simple vacío. Tal vez un poco de todo. Al menos un chico atractivo había querido sexo conmigo, aunque solo sirviera para eso. Rowan había hecho exactamente lo mismo: me usó y después me ignoró.
Algunas lágrimas se deslizaron por mis mejillas.
—¿Triste? —preguntó una voz conocida.
Jack apareció frente a mí.
—Apártate de mi camino.
—Veo que tu primera cita fue un fracaso.
Sonreí con amargura.
—Tienes razón. No fue como lo imaginaba —dije con un nudo en la garganta—. Parece que solo sirvo para eso.
—También Luke. ¿Cómo esperabas algo diferente de una app de citas? Es estúpido de tu parte.
—Es lo único que me queda después de que inventaras ese maldito rumor.
—No es un rumor. Eres un psicópata.
—Cállate —grité, pasándome las manos por el cabello. Comencé a rascarme el brazo izquierdo con desesperación—. Estás muerto y aún así no me dejas en paz. ¡Vete de una vez!
—¿A quién le estás gritando, niño idiota?
La voz me obligó a mirar alrededor. Jack ya no estaba. En su lugar había tres chicos mayores, con pinta de pandilleros.
—Fue un error, disculpen —murmuré.
Uno de ellos se acercó. Los otros observaban.
—Podemos arreglarlo —dijo, respirándome en la oreja mientras me atraía hacia su cuerpo.
—Veo que te calientas —se burló—. No me equivoqué: eres un maldito maricón.
—Tengo que irme —interrumpí con la voz quebrada.
Recibí un golpe seco en el estómago que me dejó sin aire. Me empujaron y caí al suelo. Los otros dos comenzaron a patearme. Pensé que esa sería mi noche final.
—¡Suéltenlo! —gritó Rowan de repente.
—¿Eres su novio o qué?
—Es mi hermano.
El más corpulento intentó golpear a Rowan, pero este lo esquivó con facilidad.
—No quiero problemas, amigo —dijo Rowan con calma.
Los otros dos lo atacaron. Rowan los evadió y respondió con golpes precisos al rostro. No sabía que peleaba tan bien. Ahora entendía por qué todos en la escuela lo respetaban tanto. Incluso Jack le tenía miedo.
Los tipos huyeron tras la paliza.
—Déjame solo —dije poniéndome de pie con dificultad.
—No. Nos vamos a casa ahora —respondió él, tomándome del brazo.
Me solté con brusquedad.
—No es tu problema. Sigue ignorándome como has hecho todo este tiempo.
—No puedo dejarte aquí. Eres mi hermano.
Me sequé las lágrimas y la sangre de la comisura de la boca.
—Lo éramos. Hasta que un día empezaste a ignorarme. Yo te quería tanto...
—Te obsesionaste conmigo. Creíste que no lo notaría, pero lo hice. Me aparté porque empecé a sentir algo que no debía sentir —dijo, limpiando con el pulgar la sangre de mi labio—. Te amo, Luke. Y me duele porque es un error, pero no puedo dejar de hacerlo. Lo he intentado todo.
—Yo también te amo.
—No hagas esto más difícil. Solo sigue con tu vida. En unos meses me iré a la universidad.
Asentí en silencio y subí a su auto. Tenía un nudo permanente en la garganta. Rowan tenía razón: se iría pronto. Debería seguir adelante. Pero era imposible.
Una parte de mí sabía que había algo más detrás de su distancia. No éramos hermanos de sangre. Él llegó a mi vida, hijo de mi padrastro, y desde el primer día lo amé. Lo amé entero. Ahora solo quedaba una cosa por hacer: encargarme de quien me lo arrebató.
Emma.
La mataría. Y lo disfrutaría. Porque él es mío. Y lo será siempre.