Arami. Habíamos pasado la tarde juntos luego de nuestra sesión de besos y siesta, más que acompañarme a mi cabaña me hizo compañía en la cama, dormimos abrazados luego de confesar que nunca había estado en esta misma situación con ningún otro hombre. El sonrío contra mis cabellos olfateándolos antes de quedar completamente dormido. Al cabo de dos horas nos despertamos a consecuencia de unos ruidos provenientes de la sala, nuestros amigos habían regresado. Algo somnolientos fuimos hasta ellos, allí todos nos veían con unas sonrisas enormes en sus rostros. – Vaya, miren a los tórtolos. – No molestes – dice Alejo, dándole un puñetazo a Ezequiel. – ¿Qué haremos esta tarde? Ya saben, algo que podríamos disfrutar todos. Todos lo pensaron por un momento. Hasta que Anabelle pegó un

