El corazón de Hilal dio un vuelco al percatarse de que esa figura solitaria era el señor Priego, su mirada fue atrapada por esos oscuros ojos miel que lo veían con intensidad. Su pulso se aceleró cuando pudo distinguir que se veía afectado y algo descuidado. La voz histérica en su mente se puso a llorar con desesperación.
«¿Acaso es una señal de que no me eligió? ¿Estará angustiado porque me tiene que dar una mala noticia?» Se preguntó con un sentimiento de tristeza aplastando su corazón.
Su visión periférica distinguió a Nicole mirándolo y al voltear se encontró con su ceño fruncido, solo en ese momento fue consciente de que había bajado el volumen de su instrumento. Retomó la concentración tocando a un volumen adecuado y decidió que dejaría el asunto del profesor para otro momento.
El maestro en ningún momento se movió de su lugar, bien podría ser confundido por una estatua si no moviera su brazo para llevar el cigarrillo a sus labios. La canción estaba por finalizar y Hilal solo podía preguntarse en qué momento había empezado a fumar. Pensó en la casa del maestro y no recordaba haber visto en ningún momento ningún rastro de algún cigarrillo.
Su pequeña intervención musical terminó y todos acomodaron los instrumentos en las plataformas que habían designado para ellos. Al bajar del escenario, Hilal, tomó por el brazo a Nicole.
—Tengo que arreglar un asunto, si me requieren hazte cargo por favor —Nicole volteó hacia la salida del instituto y asintió con seriedad.
Aparentemente, ella también había visto al profesor y ahora se preguntaba qué tanto sabría Nicole respecto a ellos tomando en cuenta la cercanía que mantenía con Alejandro. Sacudió la cabeza ignorando sus pensamientos y se dirigió hacia el maestro de música.
Unos pasos antes de que llegara ante el profesor, el gran hombre dejó de apoyarse en el marco de la puerta y tiró la colilla del cigarro al piso aplastándola con el pie; finalmente se irguió para acomodarse la ajustada chaqueta. Hilal se detuvo de manera abrupta manteniendo una distancia adecuada porque no estaba muy seguro de lo que tenía como respuesta.
—Hola… —Comenzó a decir sin saber cómo continuar. Después de pensarlo un poco decidió mantener la situación formal como siempre había sido— señor Priego.
—Hola, Hilal —respondió el profesor con voz seria y distante.
Esto hizo que el nudo en su estómago se apretara más, ahora estaba casi seguro de que las cosas no estaban bien. Aun así, se esforzó para no dejarse llevar por la amargura que sentía.
— ¿Se siente bien?
La mirada del profesor se aclaró un poco, aunque su semblante seguía siendo serio.
—Necesitamos hablar —dijo el profesor en tono bajo y ronco sacando otro cigarrillo—. Aunque todavía tienes una responsabilidad qué cumplir, ve adentro y espera a que termine el evento. Te estaré esperando aquí afuera.
Hilal abrió la boca para protestar, sin embargo, el profesor ya se había dado media vuelta y comenzó a andar prendiendo el cigarrillo. Se sintió debilitado al notar la indiferencia de la persona que se había convertido en alguien muy importante para él en los últimos meses; a pesar de eso, se puso en movimiento para regresar al asiento al lado de Alejandro.
El público se encontraba murmurando, esperaban con ansias que anunciaran a los ganadores del concurso de bandas. Al lado del escenario estaban los jueces haciendo anotaciones rápidas en unas hojas que sostenía la directora para ellos.
Cuando se dejó caer en su asiento aspiró profundo hasta que los pulmones le dolieron y le causaron una breve tos. Si las cosas salían mal al menos había aprendido algo muy importante del maestro de música. Aspirar profundo le ayudaba a calmar su ansiedad.
—Nicole me dijo que el señor Priego anda aquí ¿está todo bien? —Preguntó Alejandro susurrando en su oído.
—Se ve molesto —comentó con tristeza—, solo me dijo que teníamos que hablar y que me estará esperando cuando esto se acabe —concluyó mirando con amargura a su amigo.
Alejandro pasó un brazo por detrás del asiento y palmeó su hombro.
—Ojalá que todo salga bien y si no es así ya buscaremos a otro sensual profesor para ti —dijo su amigo guiñándole un ojo.
Hilal sonrió sin ganas, sabiendo que jamás encontraría a un hombre como él.
La directora subió al escenario con un sobre en mano, tras ella la seguía el jurado evaluador.
Ella dio un pequeño discurso acerca de la importancia de la música en la sociedad y lo significativo que era que los jóvenes se involucraran en aspectos culturales. Después de unos minutos abrió el sobre con mucho suspenso y anunció al ganador, el grupo de Jazz de la Universidad de Linces. La multitud estalló en aplausos mientras la agrupación subía para recibir sus premios. Vio de reojo a sus compañeros que aplaudían con desgano.
Unos minutos después, la directora agradeció la asistencia de los presentes y con mucha alegría se despidió de todos. Hilal vio como todos se levantaban de sus asientos y sobre todo notó cuando Alejandro tomó de la mano a Nicole. Su amigo lo vio por detrás de su hombro y le hizo una seña para que los siguiera, así que se levantó con pesadez y se emparejó a su lado caminando lento por la multitud que se embotellaba en la salida del instituto.
Después de un rato pudieron salir y se dirigieron al coche de Alejandro quien se detuvo mirando con duda hacia su vehículo.
El profesor se encontraba recargado en la puerta del copiloto con las manos en los bolsillos de su pantalón, estaba fulminando al cielo con su intensa mirada y su ceño fruncido. Estando en esa posición y tomando en cuenta lo que vestía, parecía un chico malo listo para golpear a quien se le atravesara.
Hilal volteó a ver a Alejandro y a Nicole quienes tenían la mirada fija y pasmada en el profesor.
— ¿Qué demonios? —Dijo Nicole en voz baja.
—Sí que se ve mal —escuchó susurrar a Alejandro que a la vez soltaba a Nicole.
Hilal se acercó al profesor con paso lento para tocarle el brazo y ladeó la cabeza en un intento de llamar su atención sin molestarlo. El señor Priego agachó la mirada.
—Vamos —susurró el profesor ignorando por completo a sus amigos y tiró de él en otra dirección.
Sin hacer ningún comentario fueron al auto del profesor y se alejaron del lugar.
Hilal no estaba muy seguro de a dónde se dirigían después de haber pasado la casa del señor Priego a gran velocidad. Lentamente el sol se escondía permitiendo que la oscuridad de la noche cubriera el camino. Un silencio extraño se extendió en el automóvil y no sabía si debía decir algo o esperar a que él hablara. Así que después de unos minutos donde ya no pudo aguantar más su silencio comentó:
—No sabía que fumara —intentó que su voz sonara desinteresada y casual.
Volteó para ver su reacción.
—No lo hago —respondió el profesor sin apartar la vista del camino—, solo fumo cuando estoy estresado.
Hilal tragó sonoramente porque intentaba romper la tensión, no hacer más incómodo el momento.
—Le sienta muy bien ese “look rockero” —intentó de nuevo. Desvió la mirada hacia la ventana sintiendo su cara en llamas por lo que iba a expresar—, quiero decir… lo hace ver más sexy.
Su corazón martillaba en su pecho con fuerza, se mordió la lengua sintiéndose muy avergonzado puesto que no sabía cómo coquetear, ni siquiera hacer un halago como ese. Aun así, se había aventurado sin importar las consecuencias que tendría. Una pesada mano cálida se posó sobre las suyas y volteó a ver al profesor con los ojos muy abiertos. El señor Priego le regresó una sonrisa torcida, volvió a tomar el volante con ambas manos y condujo más a prisa logrando que las farolas parecieran intermitentes por la gran velocidad.
Hilal observó el camino dándose cuenta de que estaban muy cerca de su hogar. Disminuyendo la velocidad, el profesor aparcó frente a su casa, de inmediato salió del automóvil y le abrió la puerta. Salió con paso lento pues tenía mucho miedo de lo que enfrentaría al momento que el profesor decidiera hablar.
Hilal se apoyó en la pared de su casa pensando en que tal vez necesitaría algo en qué apoyarse si es que el profesor no decidía continuar con lo que sea que ellos habían comenzado. El maestro se paró frente a él, tan cerca y a la vez tan lejos que dolía no poder enredar sus brazos alrededor de su cuello y besarlo con desesperación como deseaba.
El señor Priego lo observaba con seriedad, esa insistente mirada recorría su rostro con lentitud como si estuviera analizando algo. Con una mano comenzó a juguetear con el cierre de la chaqueta de Hilal, lo cual le sorprendió porque se veía ansioso.
Lo vio abrir la boca y volver a cerrarla sin articular sonido.
Hilal sentía que se desplomaría en el suelo si el profesor no se apuraba y dijera lo que sea que tenía que decirle, si quería acabar con todo, que lo hiciera ya y lo dejara continuar con su vida. Aunque no sabía cómo haría eso último.
El profesor tomó una respiración profunda y temblorosa, su cálido aliento mentolado le recorrió la frente. No pudo evitar estremecerse ante su creciente deseo.
—Me divorcié —susurró el profesor con voz plana.