Luego de regresar de la guerra terminó sus estudios y siguió con su férrea disciplina física, practicaba varias artes marciales y se ejercitaba a menudo en un gimnasio, pero lo que más le gustaba era ir de cacería, tenía un pulso firme y una puntería que era la envidia de cuantos le habían visto disparar.
Gozaba de una excelente salud y, aparte de las evidentes ventajas físicas, tenía una inteligencia fuera de lo común, no en balde la CIA lo había perseguido por años para que se uniera a ellos. Hablaba con fluidez varios idiomas aparte del inglés y el Italiano y siempre se mantenía atento a todo lo que le interesaba.
Dejó de recordar y se levantó un poco para estirar sus ateridos músculos, esos tipos que cuidaban a Evelyn eran bastante rudos, por fortuna contaba con los recursos necesarios para vencerlos.
Pero literalmente le dolía "todo" Se acercó con cuidado a la cama para comprobar que Evelyn estaba bien, en su inquieto dormir se había desarropado casi por completo, Marcus contuvo un suspiro y cuidadosamente la cubrió de nuevo, a pesar de que estaban en verano la temperatura a veces se templaba un poco.
Evelyn se removió en la cama, un poco inquieta, quizás con una pesadilla. Marcus la admiraba, cualquier otra mujer se hubiera desmoronado con esta situación, se hubiera puesto histérica o se hubiera desmayado cada dos minutos mientras huían, pero no Evelyn, era dura como el acero y capaz de enfrentar cualquier situación.
La había visto manejar la empresa, tomar decisiones difíciles y discutir con gerentes, amigos y adversarios, con una envidiable firmeza, era una hija digna de Alistair Sinclair y Evangeline Montesco… si Evelyn supiera todo eso…
Volvió a mirarla y una indefinible expresión llenó su rostro varonil, era una mezcla de admiración, ternura y algo menos definido, pero mucho más fuerte.
Marcus volvió a sentarse en el sillón, miró su reloj de pulsera para verificar la hora, se había recostado a casi a las once de la mañana y están casi la cinco de la tarde, suponía que Evelyn dormiría corrido hasta el otro día.
Él tenía que salir de nuevo a recoger algunos informes, pero su cuerpo estaba bastante cansado y vapuleado, ¡no en balde aquellos tipos parecían gorilas!
Estaba ya casi dormido de nuevo cuando un grito en el cuarto lo hizo ponerse de pie en una fracción de segundo, miró hacia la cama y vio a Evelyn que miraba todo alrededor con una expresión de espanto.
Se acercó rápidamente a la cama y la envolvió en un abrazo, Evelyn lo miró con una expresión de alivio que le rompió algunas fibras de su ser, tenía unos ojos tan dulces y expresivos, con ese azul que a veces era limpio y otras como un mar tormentoso…
Evelyn se aferró a él y Marcus le habló suavemente.
—Todo está bien —esa voz firme y suave al mismo tiempo terminó calmándola.
—Sí, sí, ahora estoy bien. —murmuró Evelyn. Había estado soñando que aún estaba prisionera de los hombres malvados y que Marcus estaba tratando de llegar a ella pero salían hombres de todas partes hiriéndole y cubriéndolo con sus cuerpos, por eso el grito al despertar.
Por un momento se sintió desorientada, pero el cálido cuarto y el ver a Marcus a su lado la hizo calmarse de inmediato… sin embargo, aún su cuerpo se estremecía con un leve temblor.
Marcus hizo recostar a Evelyn en la cama, le acomodó la almohada y la cubrió de nuevo con las sábanas, pero cuando hizo el intento de levantarse sintió la mano de ella aferrada a la suya, él se limitó a sentarse de nuevo en la cama y luego se acomodó de manera que estaba semi acostado, cerca de ella…
Evelyn empezó a respirar más acompañadamente, su cuerpo se fue relajando mientras empezaba a caer en un suave sopor que la estaba llevando de nuevo al sueño, sin embargo, su mano seguía aferrada a la de Marcus, y él no intentó separarse de nuevo.
Sabía que la reacción de Evelyn se debía al agotamiento físico y nervioso por la dura jornada que había vivido, y que lo más probable, pensó con una sonrisa, es que en la mañana se sintiera enojada por su comportamiento y le dirigiera a él unos cuantos epítetos duros por ello.
Marcus se relajó un poco pensando que esperaría a que Evelyn se durmiera por completo para levantarse y sentarse de nuevo en el sillón para descansar otro rato antes de salir de nuevo.
Marcus no pudo medir apropiadamente el bajo nivel en que se encontraban sus fuerzas, las últimas 24 horas habían sido realmente duras y agotadoras, pero eran solo el colofón de una serie de eventos desde que habían salido de los Ángeles hace ya cinco días.
El viaje había sido largo y cansado, pero lo realmente agotador vino apenas llegaron a Venecia, sin despertar las sospechas de Evelyn, se mantuvo en un frenético movimiento, haciendo llamadas, entrevistandose con varias sujetos, desde unos que parecían pendencieros y matones hasta hombres que parecían abogados o embajadores.
Esto le llevaba varias horas al día y como tenía que acompañar a Evelyn a varias reuniones que tenía programadas, y a las cuales no podía faltar por ser el asistente, con varios socios de la firma aquí en Italia, la mayoría de esas "diligencias" las hacía en la noche, aún hasta la madrugada, para luego acostarse exhausto para levantarse de nuevo antes de las siete de la mañana como si nada hubiera pasado y estar listo para reunirse con Evelyn para preparar la agenda del día. Por todo eso su cuerpo le iba a pasar una gruesa factura.
Marcus tuvo la impresión de hallarse en un suave sopor, una especie de paraíso etéreo y placentero, se sentía cómodo y tibio, acostado en un suave colchón y con unos suaves brazos rodeando su torso al mismo tiempo que una perfumada cabellera le hacía cosquillas en su barbilla.
¡De repente sus sentidos se pusieron alerta! Efectivamente estaba acostado en una cama bastante cómoda y un brazo tibio rodeaba su torso y una mano suave estaba metida por debajo de su franela apoyada dulcemente en su pecho y una cabeza de rubios cabellos estaba sobre su pecho y los cabellos le llegaban a la barbilla…
¡Evelyn! ¿Qué había pasado? Se había quedado profundamente dormido y ahora ella estaba en sus brazos, una de sus manos reposaba en su espalda y la otra estaba en su hombro…
No estaba seguro si debía moverse o quedarse como estaba, tenía que reconocer que no le molestaba la situación, más bien se sentía bien, se sentía… ¿¡querido!?
Demonios, debía asegurarse de que todos estos eventos no hiciera que las cosas entre Evelyn y él se fueran a salir de control…
Sabía muy bien que este tipo de situaciones de peligro donde un hombre y una mujer se veían obligados a compartir juntos podía desembocar en situaciones altamente explosivas con un ingrediente eminentemente físico
Y entre Evelyn y él se estaba formando una relación estrecha dónde la tensión física, por momentos surgía como una fuerza vital y arrolladora. ¿Se sentía capaz él de controlar la situación? Eso estaba por verse.