«¿Trabajarías para mí como diseñadora?» Lo primero que Anastasia pensó al escuchar aquella proposición, es que todo era un bonito y perfecto sueño. Eso era, solamente así podía explicarse que un hombre como Aquiles le ofreciera un trabajo tan importante como lo era diseñar para una empresa tan importante. Ella no la conocía y no sabía tampoco el poder que tenía en el mercado nacional e internacional, pero la seguridad de Aquiles se lo decía todo. —¿Trabajar contigo? —preguntó casi atragantándose con sus palabras. —Sí, y no lo hago por la deuda que dices tener conmigo, Ana. Te he dicho y reiterado que no existe tal cosa. No obstante, de tu parte es un claro impedimento para tener confianza en mí. Así que tienes la oportunidad de pagarme lo que creas deberme. Anastasia se mordió el labi

