Leónidas tiró una nueva revista en su escritorio, había comprado todas las revistas que cubrieron el evento de la exhibición de ese año y en cada una de ellas solo podía leer de Aquiles y su diseñadora estrella. Miró de nuevo a la mujer a su lado y sintió que su corazón iba a explotar por el enojo. —¡Chloe! ¡Chloe! —gritó desde la biblioteca de su casa. —¿Qué sucede, Leónidas, por qué gritas? —preguntó la mujer entrando a la biblioteca y mirando el desorden que su marido tenía sobre la mesa. »—¿Qué es todo esto? —preguntó al pasar de una revista a otra. —¿No te parece conocida? Chloe frunció el ceño. ¡Por supuesto que la mujer en las fotografías le parecía conocida! ¡Era Anastasia! —Es hermosa, como toda mujer griega lo es —dijo apartando la mirada para no delatar su felicidad. —¡Es

