—No digas lo que estás pensando, Adara. Confórmate por ahora con saber que estoy dispuesta a ayudarte si tú estás dispuesta a colaborar conmigo en todo lo que necesite para destruir a Aquiles Stavros sin que se dé cuenta. —Pensé que… —Es mejor que no pienses, Adara. Eso es algo que haré personalmente. ¿Estás conmigo, o contra mí? —preguntó el hombre. —Haré todo lo que esté en mis manos para destruir a Aquiles Stavros, puedo buscarte aliados y todo lo que tú quieras —le dijo con una temblorosa sonrisa. —Puedes calentar mi cama esta noche —le dijo con una sonrisa perversa. Adara lo miró y en un momento quiso negarse, no obstante, esta era su oportunidad para vengarse de Aquiles por sus desplantes y de Anastasia Ganis por llamarla serpiente. Pues entonces ella iba a enterarse de que tan

