Evangeline Nunca lo había visto así. Sin esa mirada de hielo y la mandíbula apretada, Cassian Ashford parecía casi humano. Tenía las pestañas oscuras descansando sobre las mejillas y el ceño un poco menos fruncido. Me quedé mirándolo, analizando cada línea de su cara, preguntándome en qué momento el hombre que me compró se convirtió en el que me abrazaba como si yo fuera su único oxígeno. De pronto, sus ojos se abrieron. No hubo ese salto de alerta de siempre. Solo un parpadeo lento. Me vio ahí, mirándolo, y por un segundo eterno no hubo rastro del ogro que me gritó en el coche. Cassian soltó un suspiro ronco y me apretó más contra él, escondiendo la cara en el hueco de mi cuello. No fue un movimiento s****l; fue algo mucho más íntimo, casi desesperado. Sintió mi pulso bajo su boca y

